JOSÉ INÉS FIGUEROA VITELA
Las expresiones de la oposición tratando de desacreditar la elección del y las nuevas integrantes del Consejo General del Instituto Nacional Electoral toparon en pared.
Igual chocaron antes sus intenciones de reivindicar el viejo sistema de cuotas, con el que mantuvieron secuestrada por mucho tiempo la actualización de estructuras jurisdiccionales y electorales del país.
FRIDA DENISSE GÓMEZ PUGA, la tamaulipeca que entre cerca de 500 aspirantes logró llegar hasta la final y ser electa, tiene una amplia trayectoria, formación y experiencia que le avalan en lo personal y desarma -como los otros- la etiqueta partidista, pues ha trabajado en gobiernos de uno y otros partidos.
Estuvo en el Poder Judicial de Nuevo León, en Juntas de Conciliación de aquí y de allá; en el ámbito del Tribunal Electoral local cubrió variadas responsabilidades; hasta fines del año pasado estuvo en el Congreso Local -en distintas legislaturas- como titular de Litigios Constitucionales, hasta que en noviembre fue electa titular del órgano de Control Interno del IETAM.
Igual compitió antes por fiscalía, consejería y magistraturas de corte estatal, siempre con su capacidad, experiencia y sensibilidad por delante.
Cero que ver -dirían aquellos-, con los tiempos cuando el PRIAN imponía a sus personeros en los órganos electorales con aviesas intenciones, de las que existen incontables referencias, las más sonadas, por cierto, en el anterior sexenio estatal cabecista.
Lo recordará bien: no pocos funcionarios del PAN, sin el menor rubor, con la única credencial de la sumisión, pasaron a los tribunales, hasta su cúpula y dos-tres intentos se cayeron en el IETAM con la intervención de instancias jurisdiccionales federales.
Hoy son los haberes personales de los electos, profesionales y cívicos, los que han definido el fiel de la balanza para garantizar la transformación y que, en efecto, el INE esté al servicio del pueblo. Punto y aparte.
A muchos a nivel local y hasta en lejanas tierras, sorprendió el anuncio del cierre de operaciones de la Cruz Roja Mexicana en el centro-sur de Tamaulipas.
Tantos años trabajando en todo el mundo, y aquí, con altibajos, pero siempre prestando servicios, en especial a los sectores más desprotegidos y en las condiciones más vulnerables de imponderables físicos, que se daba por hecho su ejercicio permanente.
Los primeros y escuetos anuncios sobre el cierre hicieron parecer, entre algunos sectores, que se hubieran dado manejos irregulares de los fondos de la institución, hasta el punto de la quiebra.
En sabiendo de quién se trataba la cabeza regional del ente social, la señora GRACIELA GUERRA DE ARAUJO, dama de la sociedad victorense, base de apreciada familia, respetable y respetada, de inmediato se desechó la idea de que por ahí pudieran encontrarse malos manejos administrativos. Otras versiones apuntaron hacia giros de corte político interno.
Recién se había dado la elección de la Presidencia Nacional de la Cruz Roja y Tamaulipas no estuvo entre las delegaciones estatales que brindaron su apoyo para la reelección del Presidente, entre cuyas últimas acciones del periodo que corría estuvo el cierre de oficinas y actividades acá. Muy lógicas tales conclusiones.
A ello habría que agregar que, desde el nivel central, la institución exigía y obtenía un subsidio para sus operaciones del gobierno doméstico por el orden de los tres millones de pesos mensuales, adicionales a las aportaciones “voluntarias” que, desde la cúpula hasta las estructuras bajas de mando gubernamental, sumaban millones en cada colecta anual.
Dineros que no se reflejaban en el apoyo a la Delegación para la aplicación de los servicios de medicina y socorro correspondientes. Por eso se fortaleció el Centro Regional de Urgencias Médicas, CRUM, con patrullas nuevas y destacamentos estratégicos que han estado solventando con amplitud la ausencia de la Cruz Roja. Ya se habla del regreso de esta. Deberá ser sobre renovadas bases, alejadas del manoseo político y el saqueo de sus recursos desde tierras extrañas






