José Inés Figueroa Vitela
Hace más de tres meses, el 7 de marzo precisamente, el Consejo Nacional de Morena aprobó el calendario y las reglas para seleccionar a sus candidaturas hacia las elecciones del año entrante, cuyo proceso inicia en este.
Recién se abrió la primera etapa, correspondiente a los 17 Estados donde habrá elección de Gobernador o Gobernadora, precisamente para seleccionar a quienes abanderará para ese cargo.
Luego, el 3 de agosto se elegirán las coordinaciones distritales federales que serán precisamente para definir a los candidatos a las diputaciones federales; el 21 de septiembre serán las coordinaciones municipales -para Presidentes Municipales- y finalmente, el 8 de noviembre, las coordinaciones distritales locales, para las respectivas legislaturas. Aquí no hay secretos.
Las convocatorias estatales, no serán mayormente distintas a las distritales y municipales, hablando de requisitos y premisas, ciertamente similares a las de procesos pasados.
Acaso, la acentuación se da respecto de la certificación del honesto vivir de quienes habrán de llegar hasta las nominaciones.
Y aunque en otros procesos también ha aplicado, por la memoria corta de algunos y algunas “suspirantes”, resalta la primicia de que los contendientes internos están obligados a respetar y abstenerse de atacar al partido, sus dirigencias y contrincantes en la jornada interna.
Por supuesto que abundan quienes, aunque el calendario es público y claro, andan apurados por adelantar el proceso, pretendiendo una batalla temprana que piensan no tiene reglas ni cuartel.
Independientemente de que la lupa de quienes opinan o deciden en estos menesteres, está puesta desde hace rato sobre los presuntos interesados, con todas las consecuencias que puedan acarrear las actitudes tempranas y desbordadas, de suyo, la violencia en cualquiera de sus manifestaciones va dejando una huella que marca a sus autores.
El o la candidata que entra en las descalificaciones y agresiones contra sus pretendidos adversarios, en principio, deja ver que no cuenta con la base social que soporte sus aspiraciones; enseguida, lo que salta a la vista es la falta de sensibilidad política, de capacidad administrativa y de relación con sus congéneres.
Eso también se lee en las cúpulas de influencia y decisión como en las bases, a ras del suelo, por donde se mueven los ciudadanos que, con su apoyo, en la encuesta y en la urna, marcan destino. Morena prohíbe expresamente los ataques y campañas sucias entre aspirantes en sus procesos internos, decía antes.
Además, las reglas oficiales establecen que las campañas negras y las confrontaciones se consideran faltas graves, lo que puede resultar en la cancelación o revocación del registro de los participantes.
En los Lineamientos del Proceso Interno, además de vetar el “golpeteo” político, la dirigencia nacional ha implementado un marco estricto para garantizar la equidad y unidad partidista.
Entre ellas, cero campañas ostentosas: está prohibido el uso de espectaculares, el derroche de recursos y la pinta de bardas anticipadas; no al uso de recursos públicos: Se vigila que ningún servidor público o programa social intervenga para favorecer a un aspirante.
Separación del cargo: para mantener el piso parejo, los aspirantes a cargos de elección deben dejar sus funciones públicas durante el proceso, que inicia en las fechas antes señaladas, no antes, como algunos otros también andan apurando con la idea de sacar ventaja.
Trabajo de campo: Se fomenta únicamente el contacto directo con la ciudadanía mediante asambleas vecinales y recorridos a pie. Nunca tanto como ahora, retumba la advertencia: a qué tanto brinco, estando el suelo tan parejo.







