JOSÉ INÉS FIGUEROA VITELA
Los espectadores se escandalizaron, con el uso de esas piedras preciosas que cuestan la vida a muchos ciudadanos africanos, de la zona donde se extraen.
La crítica se animó a nivel global y en Hollywood la opinión pública elogió el filme, extendiéndole los más famosos premios del celuloide.
¿Cuánta sangre se inhalan, fuman, tragan, los adictos norteamericanos, enviciados en la permanente propaganda a través de todos los medios, tolerada o inducida por su gobierno? Consumir cocaína, en sus estratos, en símbolo de privilegio y aunque las anfetaminas denotan condiciones marginales, “estar en onda” es lo suyo, sin el menor rubor por los estropicios que causan en el tránsito a sus manos tales substancias.
Por supuesto que las acusaciones de terrorismo y amenazas intervencionistas pronunciadas por las autoridades del vecino del norte, so pretexto de las bandas de traficantes que operan en otros países, muestran terceras intenciones, y una laxitud respecto de lo suyo ilimitada.
Sin la promoción del consumo de substancias alucinantes, más el ejercicio de la ley, dentro de su territorio, en los Estados Unidos no tendrían los problemas de salud que ahora aclaman, pues siempre han visto al narcotráfico como un tema de economía, control y sometimiento, tierras abajo de El Bravo.
El despliegue terrorista a que han escalado las bandas delincuenciales de este lado, lo han hecho inducidas por el avituallamiento de su parte, con armas y numérico que viene de allá y las víctimas, siguen siendo los mexicanos inocentes que se han atravesado en su fuego cruzado infortunadamente, más los jóvenes seducidos o forzados, por el brillo de lo que viene de aquel lado, sin faltar los agentes, policías y militares que siguen tratando de contener esa ola, arriesgando y entregando la vida propia.
Decenas de miles de compatriotas han muerto desde que el gobierno norteamericano con su “Rápido y Furioso” entregó armas y dinero a las bandas en México, para dar paso a una guerra de guerrillas, arrebatando al Estado mexicano el monopolio de las armas en el territorio nacional, impulsando por añadidura los secuestros y extorsiones que han dejado no pocas víctimas, inhibiendo el desarrollo de las actividades productivas en nuestro país.
De esa realidad irrefutable, se pueden seguir sacando cuentas de cuántos toneles de sangre de mexicanos -por no hablar de otros países- se han “bebido” los consumidores de estupefacientes en el vecino país. Y ellos tampoco son los responsables.
Igualmente serán víctimas, como el pueblo mexicano, de la mente torcida de quienes han asaltado su gobierno. ¿Terrorismo en México? Ahora sí, por el patrocinio de ellos y las víctimas siguen estando en nuestro pueblo.
Por eso resulta muy puntual la firme postura de la Presidenta de la República, la doctora CLAUDIA SHEINBAUM PARDO, exigiendo pruebas, cuando de requerir a personajes del país para enjuiciarlos allá se trata, y reclamar aparte, reciprocidad en el trato a los temas de la agenda de seguridad y justicia bilateral.
Porque, ciertamente, no es posible que mientras México les ha enviado 90 presuntos delincuentes que reclamaban sus autoridades, de los seis que de acá a se han requerido, ninguno ha mandado.
Caso ejemplar el del exgobernador tamaulipeco FRANCISCO JAVIER GARCÍA CABEZA DE VACA, quien envió a Estados Unidos el producto de los financiamientos de campaña que le daban los cárteles de la droga y de las extorsiones a las mismas bandas, cuando ya estaba en funciones, sin que autoridad alguna le cuestionara allá, ni responda al clamor de justicia de acá.
Antes de concluir su mandato, CABEZA salió huyendo a refugiarse en Estados Unidos y allá sigue, impune, presumiendo el gasto del dinero ensangrentado y el saqueado a los tamaulipecos, cuando en México y Tamaulipas existen órdenes de aprehensión por los delitos cometidos que lo requieren.
¿Quiénes son los cómplices?, ¿quiénes los demonios?, ¿quiénes los agresores y quiénes las víctimas? El imperio hace mucho está agotado.






