JOSÉ INÉS FIGUEROA VITELA
CABEZA no es una escuela. Quienes le ayudaron a saquear a Tamaulipas y a los tamaulipecos, actuaron por conveniencia, e interés, en medio de la coyuntura, con apetitos propios.
La mentalidad criminal es innata, no es algo que se aprende en una escuela, aunque el dicho diga que “quien con lobos se junta, a aullar aprende”. Por eso ahora que el ex alcalde de Matamoros y actual diputado federal, MARIO ALBERTO “La Borrega” LÓPEZ, salió con la intención de salpicar de inmundicias a sus prójimos, la conclusión no fue que tales actitudes las inspiró en el exgobernador prófugo -a quien prestó muchos servicios-, sino que más bien comparte con él la vena de delincuente.
La Borrega LÓPEZ HERNÁNDEZ no ha sido, ni se puede decir que sea cómplice de la mafia… él es la mafia misma, conforme a Los Hechos conocidos.
La reacción aquella, a los considerandos del pleno nacional morenista, donde se advirtió que para ser candidato el año próximo, se tendrá que ser efectivamente una persona de buen vivir, surgió espontánea en el legislador fronterizo, al grito de “¡todos somos iguales!” No, al menos respecto de él, no son iguales, los líderes, los inspiradores y los activistas del partido y los gobiernos de la transformación.
Y no, no es una cuestión menor por lo que LÓPEZ HERNÁNDEZ se encuentra de facto, vedado para la bandera guinda en futuras empresas de corte político, administrativo y gubernamental.
En su expediente, lo de menor impacto son las inconsistencias en sus cuentas públicas que hablan de desvíos en el manejo de los recursos públicos que le fueron confiados, las obras inconclusas e infladas en costos, las dos detenciones por autoridades norteamericanas en el puente, la pérdida de la visa, o la agresiva bipolaridad que le asalta recurrentemente desde sus mocedades.
Entre todos sus males, acaso el que sin el menor cuestionamiento lo margina de oportunidades para mantenerse en la política y el servicio público, y que más bien le enfila hacia un encierro duradero, es el asesinato de uno de los integrantes del que fue su cabildo.
De un tiempo acá se ha sabido de la existencia de una grabación, que llegó hasta las redes, donde se escucha claramente donde el ahora legislador “verde”, instruye a un sicario para que asesine a uno de los integrantes de su Cabildo que le era incómodo.
Se podrá sospechar, especular o hasta filtrar la comisión de presuntos delitos, entre cualquiera de los actores políticos, buscando mermar los alcances de su carrera, la de su Grupo, o la del partido político de sus militancias, pero hablar de la sangre fría de quién manda a matar a cualquier persona, por cualquier motivo, es otra cosa.
Aparte, eso de asegurar que -hace años- fue invitado a participar de delitos federales – huachicoleo- que él despreció, lo mete por necesidad en otros delitos.
Si está inventando -lo más seguro-, cae en falsedad de declaraciones, aparte del daño a quienes él señala, pero si en efecto, se hubieran dado los delitos denunciados, en automático resulta en complicidad, por encubrimiento por tanto tiempo.
Claro que sus afirmaciones, ubicando complicidades al tráfico de combustibles en Victoria, Tampico y Nuevo Laredo abre otras sospechas.
¿No serán suyas las implicaciones también en ese delito, tratando de desviar la atención respecto de Reynosa -al que llama “su grupo”- y el propio Matamoros, donde sí hay documentados decomisos y aprehensiones respecto de aquello? ¿Y de dónde salió potentado económico este maestro de medio pelo con múltiples títulos de escuelas patito? Tendría que revisarse de dónde surte las gasolineras en las que justifica sus caudales.
En Tamaulipas ya sabemos quién es quién; por sus hechos los reconocemos. Esas campañas mediáticas a partir de infundios no tienen destino.







