El gobierno talibán ha intentado bajar el tono de sus declaraciones ante la ONU en medio de las crecientes tensiones relacionadas con la reciente ley promulgada en Afganistán que reduce aún más los derechos de las mujeres y de la sociedad en general. La ley, que fue promulgada el 22 de agosto, impone restricciones significativas, como la obligación de las mujeres de cubrirse completamente al salir de casa y les prohíbe hacer que su voz sea escuchada en público, lo que incluye cantar o recitar poesía.
A pesar de estas medidas, Hamdullah Fitrat, vocero adjunto del gobierno talibán, afirmó que «el Emirato Islámico está a favor de interacciones positivas con países y organizaciones internacionales, de acuerdo con la sharia islámica». Este comentario fue una respuesta a las preocupaciones expresadas por el secretario general de la ONU, Antonio Guterres, quien pidió a Kabul que mantenga vías abiertas para la cooperación diplomática.
La ley talibán ha sido duramente criticada tanto a nivel nacional como internacional. La Misión de Asistencia de Naciones Unidas en Afganistán (MANUA) expresó su «preocupación» por estas restricciones, especialmente las que afectan a las mujeres. Como respuesta, el Ministerio para la Propagación de la Virtud y la Prevención del Vicio (PVPV) del gobierno talibán amenazó con dejar de cooperar con la MANUA, considerándola «una parte contraria».
Los talibanes celebraron recientemente el tercer aniversario de su regreso al poder, tras el cual han implementado una versión extremadamente rigurosa de la ley islámica. Esta situación ha revivido los recuerdos de su primer gobierno entre 1996 y 2001, durante el cual las mujeres también fueron severamente restringidas en sus derechos y libertades. Sin embargo, la postura más conciliadora ante la ONU sugiere un intento de los talibanes por suavizar su imagen internacional mientras siguen endureciendo el control sobre la vida diaria en Afganistán.









