Este jueves se confirmó el fallecimiento del histórico entrenador neerlandés Leo Beenhakker a los 82 años, dejando una profunda huella en el fútbol internacional y especialmente en países como España, México y los Países Bajos. Con una carrera que abarcó más de cuatro décadas, Beenhakker fue un técnico con una visión ofensiva, carácter fuerte y un estilo que marcó a varias generaciones de futbolistas.
En su paso por el Real Madrid conquistó tres títulos de Liga, una Copa del Rey y dos Supercopas de España durante su primera etapa entre 1986 y 1989, además de un breve regreso en 1992. Clubes como el propio Madrid, el Real Zaragoza y la Eredivisie expresaron su pesar por su muerte, recordándolo como un entrenador legendario.
En México, su llegada en 1994 al Club América representó una revolución futbolística. Beenhakker armó un equipo espectacular con figuras como Omam-Biyik, Kalusha Bwalya y Joaquín del Olmo, y aunque su ciclo fue corto, dejó una marca imborrable en el estilo de juego del club. Regresó al América en 2003, siendo quien debutó a Guillermo Ochoa.
Posteriormente dirigió al acérrimo rival, Chivas, en la temporada 1995-1996. A nivel internacional, también estuvo al frente de selecciones nacionales como Países Bajos, Trinidad y Tobago, Arabia Saudita y Polonia, además de Ajax y Feyenoord, con quienes también ganó títulos.
Nacido en Róterdam en 1942, su primera experiencia en España fue con el Real Zaragoza en 1981, donde también dejó grata impresión. Su muerte ha generado una ola de homenajes desde distintas partes del mundo del fútbol, reconociendo su inteligencia táctica, carisma y legado. Beenhakker fue más que un técnico: fue un formador, un revolucionario y un hombre que vivió por y para el fútbol.









