La escena de temporada es en los panteones, donde la realidad y el mito parecen entrelazarse en torno a ese espacio envuelto en ese singular silencio que sólo el descanso eterno da en nuestros camposantos o el también llamado Jardín de la Eternidad y en este caso Panteón Municipal Antiguo que guarda los restos de nuestros ancestros, pero también mil historias.
Con testimonios de uno de los empleados más antiguos del camposanto, nos dejamos llevar por la narrativa y dar particularidades de hechos que no se conocen y que destacan por parecer atrapados entre lo terrenal y lo espiritual.
LA MALDICIÓN
En uno de los primeros pasillos de ese “templo del descanso eterno”, yace una tumba que guarda los restos de un personaje, donde destaca la cabecera de la lápida una inscripción sentenciosa de la familia; “Maldición eterna para los asesinos”.
El epitafio sacude y lleva a pensar en quien se le hace la dedicatoria, cuyos restos fueron sepultados el 23 de diciembre de 1943, y el mensaje de esposa e hijos trasluce dolor al leer; “La desgracia y la traición se unieron a la muerte para llevarse al hombre bueno, al amigo leal, al esposo amantísimo y al padre ejemplar”.
La lápida hace referencia que en el 1996 fue la última vez que se sepultó a alguien de la familia y esa otra persona habría sido la esposa del personaje inicial en referencia en este sirio del camposanto más antiguo de Nuevo Laredo.
“Con eso que dice ahí en la tumba, nos podremos imaginar que la muerte de esta persona estuvo marcada por la tragedia, pues lo que ahí menciona la familia nos deje en claro que a este hombre le arrebataron la vida”, comentó el exempleado.
EL BRUJO CIPRIANO
En el caminar lento al interior del Panteón Municipal, no lleva por indicación a la tumba del Maestro Cipriano Tavares, mejor conocido como El Brujo, una de las sepulturas más extrañas por la “circunstancial vigencia” que le dan sus visitantes al rendirle tributo y realizar rituales relacionados con el esoterismo.
El sepulcro pintado de color amarillo, atrae la atención desde mediana distancia, más aún por la Cruz Patriarcal o de Lorena, grande y al centro. Más allá pintada una cruz judía y una serie de símbolos.
“Resulta poco creíble pero aquí todavía viene gente que lo conoció o son familiares de quienes dicen fueron curados. Le traen arreglos raros, veladoras de todos colores y aquí hacen pócimas, personas que se dedican al espiritismo”, comenta.
Bajo una de las tumbas junto a la de Cipriano, aparecen plumas, cascarones y vasijas que aparentemente habrían sido utilizados para algún ritual o ceremonia en alguna petición o agradecimiento.
LA TUMBA MÁS ANTIGUA
La sepultura de doña Tiburcia González de Ramos (1819-1880), está registrada en el Panteón Municipal como la más antigua, lo que dio pie a determinar que el camposanto más viejo de la ciudad fue creado en 1879, según historiadores locales.
Hacia la parte norte, atrae la figura del tronco de un pino, en un sepulcro donde descansan los restos de Raúl Linares, nacido el 20 de septiembre de 1892 y murió en noviembre 08 de 1918.
“Destaca de quien ocupa el sepulcro, según se dice trabajaba en Canadá como leñador y tenía la mayor parte de su familia aquí y al morir se decidió fuera sepultado en su tierra natal. Casi ilegible la inscripción en su tumba, se puede observar que pertenecía a un sindicato de taladores.
COSAS EXTRAÑAS DEL DESTINO
La historia ahí son muchas y entre ellas, las de tipo extraño, como son los sepulcros de dos difuntos vecinos, recordados por ser enemigos acérrimos los que aparecen casi al fondo del Panteón Municipal Antiguo, quienes siempre se expresaron una enemistad que llegó al odio.
Ambos aparecen sepultados casi uno junto del otro al ser muertos en pleitos distintos con diferencia de solo unos días, pero hasta el final aparecieron juntos, lo que talvez sus familias deseaban y que sería símbolo de reconciliación.









