Este viernes, el Senado de la República llevará a cabo una sesión para declarar oficialmente la validez de la reforma judicial, un cambio significativo a la Constitución mexicana. Este proceso ha generado controversia debido a la ausencia de los senadores de la oposición, quienes decidieron no asistir a la ceremonia al considerar que esta reforma es parte de lo que ellos llaman la “consumación de un atraco” a la nación. Los senadores del PAN, PRI y Movimiento Ciudadano argumentan que la reforma no solo fue impuesta de manera ilegítima, sino que también representa un peligroso retroceso para el equilibrio de poderes en el país. Según la oposición, el proceso estuvo lleno de irregularidades, como presiones, extorsiones y compra de votos.
A pesar de estas críticas, la reforma logró obtener el apoyo de más de 17 congresos estatales, lo que es necesario para su validación según el artículo 135 de la Constitución. Entre los estados que han dado su respaldo se encuentran Oaxaca, Tabasco, Veracruz, Baja California y Zacatecas, entre otros. A última hora, se sumaron también la Ciudad de México, el Estado de México y Sonora, lo que asegura que la reforma será promulgada en los próximos días.
La ceremonia de hoy, donde se oficializará el proceso, se llevará a cabo únicamente con la presencia de los senadores del oficialismo y sus aliados, quienes defienden la reforma como un paso necesario para democratizar el Poder Judicial. El siguiente paso será la promulgación de la reforma, que se espera ocurra el 15 de septiembre, coincidiendo con la celebración de la independencia de México. El presidente Andrés Manuel López Obrador ha manifestado que esta fecha sería simbólicamente importante, pues reafirmaría que el país está avanzando hacia una «auténtica democracia» en la que el pueblo tiene mayor participación en la elección de sus representantes, incluidos los miembros del Poder Judicial.
Sin embargo, el camino hacia la promulgación de la reforma no ha estado exento de críticas. Los opositores consideran que esta medida socava la independencia del Poder Judicial, permitiendo que el Ejecutivo tenga mayor control sobre los jueces, magistrados y ministros. Durante el debate en el Congreso de la Ciudad de México, los legisladores del PAN sostuvieron que esta reforma representa la «captura» del Poder Judicial por parte del Ejecutivo, una acusación que ha sido negada rotundamente por los aliados del gobierno.
Además de los reclamos de la oposición en el Congreso, algunas figuras públicas y analistas han expresado su preocupación por los cambios que podrían derivar de la reforma, argumentando que afecta negativamente la división de poderes, un pilar fundamental en cualquier sistema democrático. A pesar de estas críticas, el presidente López Obrador ha señalado que no existe fundamento legal para detener la reforma y que las modificaciones no eliminarán la carrera judicial ni permitirán que cualquier persona sin la debida capacitación se convierta en juez o ministro. Asimismo, aseguró que aunque los candidatos a jueces serán propuestos por los tres poderes, será la ciudadanía quien, mediante voto popular, tome la decisión final.
El debate sobre esta reforma ha sacado a la luz divisiones profundas entre el oficialismo y la oposición, especialmente en lo que respecta a la visión sobre el futuro del país y la manera en que se deben elegir y supervisar a los miembros del Poder Judicial. Mientras que los defensores de la reforma insisten en que es un paso hacia la democratización del sistema judicial, los opositores advierten que se trata de un movimiento para concentrar el poder en manos del Ejecutivo y debilitar las instituciones que deberían actuar como contrapesos.









