JOSÉ INÉS FIGUEROA VITELA
En la era de la “post-verdad”, las fake news, la instauración de la mentira como instrumento de promoción política, la capacidad analítica de los tamaulipecos se ha impuesto para sacudirse esas monsergas, muy presentes en los procesos electorales recientes.
Lo que no debemos perder ahora, es la capacidad de sorprendernos, dando certificado de naturalidad a acontecimientos a todas luces torcidos, pútridos, perniciosos, así como desconociendo otras realidades que buscan sepultar aquellas prácticas.
Desde su origen, advertimos, por ejemplo, que la conformación del partido SomosMX, gozaba del cobijo del exgobernador prófugo, FRANCISCO JAVIER GARCÍA CABEZA DE VACA, con quien la cara visible del nuevo instituto, LUPE ACOSTA NARANJO, se estuvo reuniendo en su guarida de Texas y a quien brindó pública defensa, igual, sin argumentos.
Ahora que se conformó la dirigencia estatal y se hizo la acreditación ante el Instituto Electoral, ese partido siguió arrojando luces de entorno y proyecciones. La elección se hizo bajo los auspicios y en la tierra del alcalde riobravense, MIGUEL ÁNGEL ALMARAZ, el verdadero rey del huachicol que purgó condena por ese delito y de salida, cuando no lo aceptó MORENA, se fue con CABEZA a causar alta en su banda, abanderándose en el PAN.
El sueño guajiro de los delincuentes panistas es que, manteniéndose en picada las siglas azules, brincarán al barco de SomosMX para retomar el saqueo de los presupuestos y el acoso a los adversarios y ciudadanos comunes que se atraviesen en sus apetitos.
A los ciudadanos no los engañaron antes, no lo hacen ahora y no lo harán después. Todas las falsedades con las que han andado tratando de desprestigiar al partido en el gobierno y sus liderazgos, han chocado contra el peso de los hechos, que se han enseñoreado cada que las anti campañas se despliegan de aquel origen.
Todavía, de cuando en cuando, sacan el tema de la seguridad, magnificando, tergiversando o inventando escenarios adversos, lanzando acusaciones de lo que ellos hicieron en su tiempo, como si se siguiera haciendo, pretendiendo similitudes.
Ciertamente, en un estado rico, costero y fronterizo, como Tamaulipas, existen retos permanentes que precisan esfuerzos extraordinario, inteligencia y estrategia, para acotar las amenazas y potenciar las bondades que se vuelvan desarrollo para todos.
Manifestaciones antisociales, siempre ha habido y seguramente seguirá habiendo; que se acoten, disminuyéndolas a la menor expresión, previendo la incidencia de daños colaterales es la primera responsabilidad del Estado. De la concordancia con tales primicias ha dado cuentas puntuales el Ejecutivo tamaulipeco. Por sobre los dichos.
Y los hechos mismos, están las mediciones puntuales, los números que tienen nombre y apellido. La última medición del Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática, ubicó a Tamaulipas con la tasa de homicidios más baja de los últimos 14 años, es decir, de lo que va de este sexenio, de todo el anterior y las dos terceras partes del antepasado.
Ello es que mientras en el 2012 se cometían 46 homicidios por cada 100 mil tamaulipecos, para el 2 mil 18 -en el pasado sexenio- apenas había bajado a 40 la tasa incidencial, el actual sexenio inició en 13 y sigue bajándola hasta el nivel de ocho que se dió el año pasado, cumpliendo otro récord.
En los cuatro años previos, sobre los que existen cierre de números, la disminución en la incidencia de homicidios dolosos registrada por el INEGI se redujo en un 46 por ciento.
Con ello, Tamaulipas se encuentra en la sexta posición entre los estados del país con menor incidencia de ese delito de alto impacto y entre los estados fronterizos es el segundo. La media nacional es de 21 y Tamaulipas, ya se dijo, ocho. Eso es lo que cuenta. Lo demás, son malas intenciones.







