JOSÉ INÉS FIGUEROA VITELA
Desde que a inicios de año se propaló la salida de LUIS LAURO REYES RODRÍGUEZ de la representación estatal de los programas federales de apoyo social, conocida como “la Delegación de Bienestar” y este regresó de México capital, presumiendo la permanencia en el cargo, su suerte ya estaba echada.
El cuchicheo en los mentideros domésticos, hablaba de que el exalcalde de Güémez se había ido a la capital del país, a tratar de abortar las malquerencias en el vecindario que lo andaban echando del cargo, convenciendo a alguien a nivel central, que lo sostuvo “contra viento y marea”.
Los más eruditos aseguraron entonces que aunque jerárquicamente, quien sostuvo a LUIS LAURO tenía las capacidades ejecutivas dentro de la dependencia a nivel central para ello, políticamente, su gestión ya había concluido, disociado de las inercias emanadas de los liderazgos locales.
Por otros motivos, cambió la Secretaría de Bienestar del país ARIADNA MONTIEL, para irse a liderar el partido oficial a nivel nacional, pero aunque hubiera permanecido, era cuestión de tiempo el relevo del representante de la dependencia en Tamaulipas.
La llegada ahora de LULÚ PUENTE VIZCARRA a la Delegación, confirma el “punch” de quienes igual han influido en otros cambios recientes dentro del andamiaje ejecutivo estatal.
Ella también tiene profundas raíces dentro del sistema de apoyo para el desarrollo universal de los sectores marginales y la célula de la sociedad, como la mayoría de quienes han entrado de relevistas a las dependencias donde se han producido ceses, renuncias y retiros en los últimos tiempos.
En su caso, las prendas académicas y la experiencia, hecha congruencia en el activismo social, también son garantía de que responderá con creces a la tarea que le ha sido encomendada, para mantener el auxilio a los sectores más necesitados.
Si a eso se suma la vena y activismo que acompañan su historia de vida, propios del humanismo, base del gobierno morenista, con cuyas causas, siglas, colores ha permanecido por largo tiempo, la expectativas se amplían respecto de su ejercicio.
Viene la etapa del cierre del sexenio, que pasa por la elección de ayuntamientos y la renovación de la Cámara Local de Diputados en un proceso que inicia en un mes más y desemboca en junio, del año entrante en las urnas, justa fecha en la que tácitamente inicia el proceso para la renovación de la gubernatura.
Que se vea y se sienta la comunión de los gobiernos morenistas con la sociedad, la opción por los más pobres que han encontrado la plataforma para una vida digna en las estrategias públicas sociales actuantes, es el fundamento de la vigencia de la Cuarta Transformación.
Esa vigencia tiene que estar acompañada de los votos conscientes, así de los beneficiarios de los programas, como del grueso de los mexicanos, coincidentes en la primicia de que no es concentrando el gran capital nacional, en un puñado de multimillonarios excéntricos, como se consumará la justicia social en nuestro país.
Ya se demostró que unos cuantos escandalosamente ricos, cargados de derroches y desplantes, característicos del viejo sistema prianista, en la contraparte provocaron una generación de adolescentes y jóvenes sin nada qué perder, quienes fueron expulsados a la marginalidad y la violencia como única opción, destruyendo al país.
Para que nadie olvide el pasado reciente ominoso, el presupuesto público debe seguir siendo una efectiva justicia social; las familias empoderadas no pueden perder de vista el principio juarista de la justa medianía y los servidores públicos, deben replegarse en la honestidad y la transparencia.
Estar a la vista de todos precisa no sólo la libertad de acceso, sino la exposición misma de la vida personal, de los liderazgos políticos en el nuevo orden transformador, junto con los afanes, los principios y las políticas aplicadas.
En ello radica la “larga vida” que aclaman y reclaman para su movimiento los de la “regeneración nacional”.
A MORENA, dicen los analistas, todavía le alcanza para ganar con la pura marca la siguiente elección. Habrá que decir que una cosa son las siglas, el partido, el movimiento como tal y otra cosa son las personas, los individuos, las familias.
Mientras unos y otros avancen en paralelo, sobre rieles comunes, la eventualidad es que podrán conservar vigencia, trascendencia, para mantenerse en el ánimo colectivo, sin romper los cánones naturales que han alcanzado condición de ley en el universo jurídico.
Ya sabe, “reelección”, “nepotismo”. Conceptos que eventualmente, modificarán agendas, pero no desvirtuarán proyectos de largo aliento, de vida.
Sí, y sólo sí, la legalidad y la congruencia se mantienen incólumes entre sus actores. Cuando todo ya haya terminado, solo eso quedará en el imaginario colectivo.








