JOSÉ INÉS FIGUEROA VITELA
Luego nos perdemos en suposiciones. No pocos, en no pocas ocasiones, los comunicadores caemos en la tentación de hacerle al adivino, al prestidigitador que construye horizontes de pura imaginación, distraídos de nuestra condición de medios.
Aunque en la era digital, los nuevos aspirantes a comunicadores en el ejercicio, pero sin el oficio, se han sobrevalorado con las audiencias de lo banal y estúpido, adoptando roles protagónicos dentro de la agenda pública, a golpe de mentis y pifias, el crédito de lo profesional y verdadero empieza a regresar las cosas al lugar correspondiente.
Herramienta fundamental de siempre, en estos menesteres, será imponer lo hechos, por sobre los dichos; la memoria histórica resulta en otro extraordinario aliado.
No se puede, por ejemplo, “naturalizar” obras y acciones que por mucho tiempo fueron añoradas, demandadas por la sociedad y aunque hubo variados intentos al paso de los tiempos por concretarlas, no llegaron a cristalizarse, como ahora se está haciendo.
Botón de muestra, la segunda línea del acueducto Guadalupe Victoria, que va de la Presa Vicente Guerrero a la Ciudad Capital.
Cuando hace más de tres décadas el ingeniero AMÉRICO VILLARREAL GUERRA construyó la primera línea, ya había dejado la preparación y anunciado que 25 años después debía estar operando la segunda línea, para satisfacer la creciente demanda, siempre, dando mantenimiento a la infraestructura que dejaba. Pues ni una, ni la otra cosa.
A la línea original del acueducto solo se le estuvieron haciendo parches, reactivos, frente a siniestros provocados precisamente por la falta de mantenimiento, y cuando debió haber iniciado la construcción de la segunda línea, hasta el paso de los años siguientes, tras cada intento lo que resultaron fueron las excusas en los anteriores sexenios.
La más socorrida, que los fondos destinados a cada municipalidad por la federación y el estado, tenía que ver con la generación de recursos fiscales de la plaza y en tratándose de una localidad burocrática, con bajos niveles de productividad en bienes de consumo, su economía aparecía más como una carga que una fuente de pertrechos para el gobierno.
Las obras tasadas en miles de millones de pesos no estaban en las consideraciones públicas para este lugar. Quienes vivimos el antes y el después de la primera línea del acueducto, aquellos tiempos en que los negocios y las oficinas cerraban en el primer cuadro de la ciudad por la falta de agua para las necesidades sanitarias más elementales, seguimos valorando el legado del ingeniero.
Con el doctor, ahora vamos a saber también de transformación en esos menesteres, con las nuevas generaciones que se han enfrentado a los cortes, tandeos, pagos crecientes en infraestructura domiciliaria y cargas de servicios de energía eléctrica para operar los depósitos y la inyección del fluido a los domicilios cuando la red se seca en forma cotidiana.
No es cualquier cosa el esfuerzo hecho programa de obra desarrollado y promovido por el gobierno del doctor AMÉRICO VILLARREAL ANAYA.
Y como ese botón de muestra, los ejemplos se multiplican de lo que se pudo y se debió hacer en el pasado, sin que se pudiera concretar, hasta ahora en que llegó el gobierno humanista, visionario, esforzado y sensible de la Cuarta Transformación.
Los actores públicos tradicionales suelen hablar desde su privilegio y muy seguido caen en la tentación de criticarlo todo; cuando el privilegio se masifica con un derecho tan elemental como el acceso al servicio de agua potable, la retórica cambia, por necesidad.
Es tiempo de reconocer, de aplaudir y animar para seguir creciendo en bienestar, con el justo aprecio para quien lo está permitiendo.
Ahora que el Gobernador AMÉRICO estuvo en México, la semana pasada, en audiencia con el Secretario Técnico del Gabinete de la Presidencia y coordinador nacional de los Programas del Bienestar, CARLOS TORRES ROSAS, muchos temas se trataron relacionados con el acercamiento de satisfactores a los tamaulipecos.
Otros rubros de la estructura orgánica que serán noticias en estos días también se habrían definido en esa intensa gira por la capital del país, cuyas repercusiones incidirán por necesidad, en los dos años siguientes.
Temas que eventualmente, si se avispan, darán luz a otros tantos a quienes la madeja se hizo bolas y perdieron la punta del hilo.






