JOSÉ INÉS FIGUEROA VITELA
Hay quienes en su desesperación por coronar sus aspiraciones político-electorales personales, endosan su alma a quien se las compre; otros de plano son personeros de “los compradores de almas” y van a la búsqueda del poder en calidad de subordinados.
Estos hijos del mal, reza la conseja bíblica, son conocidos por sus hechos; otros instrumentos, aparte, se hacen llegar a los factótums del poder público actuantes, para deshojar la margarita de las aspiraciones.
Románticamente llaman, algunos, los pocos que tienen conocimiento de su existencia, “los expedientes secretos X”, emulando a la producción cinematográfica con el dichoso título, a esos reservorios operados por entes ajenos a la estructura gubernamental.
Ahí descansan los hechos más escandalosos de los personajes públicos, de dentro y fuera de la familia gobernante, de hoy, de ayer y de anteayer.
Está, por ejemplo, el expediente del líder de colonos que fue asesinado a golpes por policías estatales, durante el pasado sexenio, atendiendo instrucciones del entonces Senador, hermano del gobernante en turno, que pretendía quedarse con el predio que estaba repartiendo entre grupos marginales, el occiso.
Hay otros casos de alcaldes que ordenaron -y consumaron- asesinatos, hasta de algún integrante de Cabildo incómodo, o quienes entregaron a su antecesor a la delincuencia organizada, como ofrenda al maligno.
También hay casos ejemplares de algún Senador que aparece en el registro impreso y de audio, radicado en su folder, como el último que se comunicó con algún delincuente, minutos previos a su ejecución, sembrando sospechas de complicidades.
Como estos, existen otros expedientes de abusos de todo tipo -incluidos los más graves en la escala delictiva-, de perversiones, de hurtos, de suplantaciones, de despojos, de todos esos hechos abominables que harían ruborizar al más mundano de los mortales y caer al más plantados de los “servidores públicos” con planes de permanencia o crecimiento.
Los más, de los “presuntos implicados”, pusieron tierra de por medio, alejándose de los reflectores, con lo que dejaron de ser “trascendentes”, en el observatorio “social” de la vida política y gubernamental, dejando empolvar las carpetas guardadas bajo siete candados.
Varios de ellos, están de regreso, abriendo el aislamiento de esos documentos que amagan con perder la calidad del ultrasecretos.
Lo que mantienen los siniestros administradores de la conciencia pública, que no aparecen en alguna nómina u organigrama gubernamental, depositados en la opinión pública resultará demoledor y ayudará a quienes tienen esa tarea de orientar futuro, a sacudir el árbol de las aspiraciones.
Más lo hará, en cuanto eventualmente lleguen ante las instancias jurisdiccionales; no se trata de “presuntos”, sino de contumaces delincuentes de hechos escandalosos, señalados por pruebas irrefutables.
Si tienen que derribarse fueros, así se hará sin contratiempos, pero el sigilo, además, abona para que, quienes piensan que sus secretos están celosamente guardados en algún apartado marginal de su conciencia, pronto pidan licencia para dedicarse a explorar sus nuevos objetivos en el oficio político y gubernamental.
En ese momento, ya sin fuero, no habrá recurso que impida su presencia ante los y las juzgadoras.
VEREMOS Y DIREMOS. Esos son unos; otros, quienes andan haciendo campaña con dineros de la delincuencia organizada, lo que se dibuja como la violación al primer requisito dentro del partido gobernante: no mentir, no robar y no traicionar al pueblo. ESTÁN FUERA DE ORIGEN.
En la Universidad Autónoma de Tamaulipas, fue bien recibida y aplaudida la propuesta del Rector DÁMASO ANAYA, para otorgar el título de Doctor Honoris Causa al Secretario de Salud del país, el doctor DAVID KERSHENOBICH STALNIKOWITZ; la asamblea otorgó, festiva su aval por unanimidad, a la propuesta del líder universitario.
Otras carreras de mucha actualidad y prospectiva, fueron aprobadas para que se empiecen a impartir en distintos campus del sur y el norte del Estado.







