La inseguridad es el costo oculto que eleva los precios de los fletes, los seguros y la prevención, lo que impacta en valor final de esos 2 productos, por ejemplo.
Ciudad de México.-Los transportistas mexicanos están apelando a estrategias como buscar rutas alternas, descartar el flete de ciertas mercancías, viajar de día o protegerse con costosos seguros, en medio de la escalada de violencia a la que están expuestos los conductores y sus cargas.
Así, las primas, los fletes y el monitoreo satelital en tiempo real se suman a los precios de las mercancías, que terminan trasladándose al bolsillo de los consumidores. Es una línea invisible, pero que une los problemas en las carreteras con el precio del jitomate o el chile.
“El problema es que el nivel de violencia que se está presentando ahora es mucho más elevado que hace 10 o 15 años. Antes era muy raro que a un operador de un tractocamión le dispararan y ahora es común”, zanja Alejandro Sobera, presidente del Comité de Autos de la Asociación Mexicana de Agentes de Seguros y Fianzas (AMASFAC).
Lo avalan las cifras oficiales que indican que 8 de cada 10 atracos se cometen con violencia, incluso cuando los robos descendieron un 20% en 2025. Esta situación incluso ha llevado a muchas aseguradoras a abandonar el rubro, agrega: “Vemos incrementos muy importantes en los precios de las pólizas, que van del 20% al 30%, dependiendo, específicamente, de la siniestralidad de cada flotilla o transportista”.
La inseguridad también se ha convertido en un costo oculto que eleva los fletes. De acuerdo con un promedio de distintas asociaciones, como la Cámara Nacional del Autotransporte de Carga (Canacar), el gasto en seguridad puede representar hasta el 10% del costo de un viaje.
Y esto es significativo, porque el transporte terrestre es transversal para la economía mexicana. Por ejemplo, el 68% de las exportaciones, vitales para el desempeño, se realiza por esta vía.
En cuanto al mercado interno, las mercancías más vinculadas con la distribución por carretera —y sensibles a mermas, tiempos de entrega y costos de seguros, como las agrícolas— son las que reportaron mayores incrementos de precios el año pasado.
En la lista destacan los chiles (64%), el café (27%) y las chuletas y costillas de res (19%), en una tendencia que amenaza con mantenerse en 2026.
La inflación subyacente, un indicador utilizado para identificar los factores estructurales que presionan los precios, aceleró en enero a 4,52% anual, su nivel más alto desde marzo de 2024, impulsada principalmente por un alza anualizada de alimentos, bebidas y tabaco de 6,13%, reportado por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI).
“Desafortunadamente, muchos transportistas ya no están tomando ciertas rutas ni moviendo determinados productos”, agrega Sobera, quien explica que las cargas de comestibles o materias primas como minerales o polímeros plásticos, al ser fácilmente comercializables a granel son más susceptibles a los atracos.
Además de los propios camiones, que luego inundan el mercado de autopartes. Un caso que destaca es el de la minería, que, debido a su naturaleza, es blanco del crimen a distintas escalas por la ubicación remota de sus yacimientos y su fuerte dependencia de los tractocamiones.
La Cámara Minera de México (Camimex) calculó en su reporte de 2025 que los delitos que afectan al sector representan hasta 5% de sus costos totales y hasta 7% de las mermas.









