En un movimiento polémico, la senadora Olga Sánchez Cordero, presidenta de la Comisión de Justicia del Senado, ha impulsado una nueva iniciativa para reformar la Ley de Amparo. Sin embargo, el proyecto ha generado un intenso debate debido a sus imprecisiones y posibles implicaciones negativas para el sistema judicial mexicano.
La propuesta busca evitar que los jueces declaren inconstitucionales ciertas leyes, incluso cuando estas violen derechos fundamentales establecidos en la Constitución. Además, introduce la idea de que las leyes emanadas de los poderes legislativos locales y federal se presumen legítimas y constitucionales, limitando así el poder de los jueces para cuestionar su validez.
Expertos legales han criticado duramente la iniciativa, calificándola como «absolutamente inconstitucional». Se argumenta que restringir la capacidad de los jueces para interpretar y aplicar la ley de manera conforme a la Constitución es una violación del principio fundamental del Estado de Derecho. Además, se señala que la propuesta carece de coherencia técnica y jurídica, lo que plantea serias dudas sobre su viabilidad y efectividad en la práctica judicial.
Por su parte, Miguel Ángel Mancera, coordinador de los senadores del PRD, ha expresado su preocupación por el impacto de esta reforma en el sistema judicial, advirtiendo que podría socavar la independencia judicial y limitar el acceso a la justicia para los ciudadanos.
La propuesta también ha generado reacciones en la Cámara de Diputados, donde se prevé su discusión en comisiones. Con el voto en contra de varios partidos de oposición, se espera un debate intenso sobre la viabilidad y conveniencia de esta reforma. Sin embargo, con el tiempo apremiante antes del cierre del periodo legislativo, el futuro de esta iniciativa sigue siendo incierto y su impacto potencialmente significativo en el sistema judicial mexicano.









