Dos meses después de las devastadoras inundaciones del 29 de octubre que dejaron 231 muertos en el sureste de España, miles de personas se manifestaron nuevamente en Valencia para expresar su enojo por la gestión de la tragedia. La marcha, convocada por organizaciones locales y sindicales, recorrió el centro de la ciudad, con pancartas exigiendo la dimisión del presidente regional, Carlos Mazón. Los manifestantes reprocharon la falta de alerta temprana por parte del gobierno local, lo que impidió a muchas personas refugiarse a tiempo, a pesar de las advertencias de la agencia meteorológica nacional.
Encabezada por decenas de tractores que simbolizaban la solidaridad tras el desastre, la protesta reflejó la frustración de los afectados, especialmente en municipios como Paiporta, considerado epicentro de la tragedia, donde solo el 20% de los comercios ha podido reabrir. Los damnificados acusan tanto a Mazón como al presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, de una gestión deficiente. Sin embargo, el Tribunal Superior de Justicia exoneró a Mazón de responsabilidad directa, recomendando que los denunciantes busquen una investigación judicial preliminar.
Las inundaciones dejaron un rastro de destrucción en unas 80 ciudades, y las secuelas siguen siendo visibles en la vida de miles de familias que luchan por recuperar la normalidad. Este evento subraya la necesidad de una mejor coordinación entre las autoridades locales y nacionales para evitar tragedias similares en el futuro.









