En un giro impactante de la diplomacia latinoamericana, el gobierno de Nicaragua anunció oficialmente la ruptura total de relaciones diplomáticas con Ecuador, como respuesta al asalto policial a la embajada mexicana en Quito, donde resultó detenido el exvicepresidente ecuatoriano Jorge Glas.
Mediante un comunicado oficial, el gobierno del presidente Daniel Ortega expresó su «contundente, enfática e irrevocable repulsa» ante lo que describieron como una acción «insólita y repudiable». Esta decisión soberana de Nicaragua implica la interrupción total de los lazos diplomáticos con el gobierno ecuatoriano.
La solidaridad de Nicaragua con México, país cuya embajada fue objeto del asalto, fue clara en las palabras del comunicado. Recordaron la retirada de su embajador en Quito en 2020, tras el retiro del asilo político en la embajada ecuatoriana en Londres al activista australiano Julian Assange, fundador de WikiLeaks.
Este movimiento diplomático de Nicaragua no solo envía un mensaje contundente a Ecuador, sino que también tiene implicaciones en otras esferas políticas de la región. Con este acto, Nicaragua también señala a Panamá, ya que el expresidente panameño Ricardo Martinelli está refugiado en la embajada nicaragüense en Ciudad de Panamá desde hace dos meses, evitando una condena de prisión por cargos de blanqueo de capitales en su país.
Cabe destacar que el gobierno de Ortega expresó su solidaridad y disposición para acompañar legalmente cualquier acción derivada de este incidente en apoyo al presidente de México, Andrés Manuel López Obrador. Este gesto refuerza aún más la posición de Nicaragua en este complicado escenario diplomático.
Por su parte, el gobierno panameño ha negado el salvoconducto a Martinelli para viajar a Nicaragua. Este exmandatario derechista se encuentra en la embajada nicaragüense en Ciudad de Panamá luego de perder todas las apelaciones contra una condena de casi 11 años de prisión.









