VALLE DE TEXAS.- Los consulados de los países de donde provienen las víctimas ayudan a cubrir los gastos, incluidos los casi 4,000 dólares que cuesta repatriar los restos, que es lo que desean la mayoría de las familias, según Azhar Dabdoub, director de una funeraria de Tucson.
La semana pasada coordinó el envío de cinco cadáveres a Guatemala y de uno a El Salvador.
“Esto es la migración forzada vista desde el otro extremo”, manifestó parado junto a decenas de ataúdes que acababan de llegar.
Tenían pequeñas ventanillas para que las familias pudiesen ver a sus seres queridos. Apenas son recuperados los restos que encuentra Andrade, Monterroso empieza a trabajar, tratando de confirmar que se tratan del joven mexicano reportado.
Esta tarea puede tomar un año a menos que haya un golpe de suerte, como registros dentales. La tía de un joven que se perdió en el desierto, que vive en Estados Unidos desde que tenía 14 años, dijo a la AP desde su casa en Nueva York que todavía espera un milagro.
Pero si los restos son realmente los de él, “lucharemos hasta el final para recuperar lo poco que queda”.
“El sueño de mi sobrino se murió en la frontera. Una persona no debería terminar así”, expresó llorosa.
“Lo dejaron en el desierto porque tenía lastimados los pies”.









