Con tres ciudades elegidas como sedes del Mundial 2026, México avanza en los preparativos para recibir uno de los eventos deportivos más importantes del planeta. Monterrey, Guadalajara y Ciudad de México han comenzado a desplegar ambiciosas estrategias de infraestructura, movilidad y promoción internacional.
En Monterrey, el Estadio BBVA fue el primero en iniciar la instalación del césped certificado por la FIFA, cultivado a poco más de 100 kilómetros y adaptado al clima local. Además, se implementó un sistema de riego subterráneo con tecnología «vacuum and ventilation» y se destinó una inversión de más de siete millones de dólares para mejorar palcos y zonas de prensa. El Parque Fundidora albergará el FIFA Fan Fest, mientras que centros de entrenamiento como El Barrial ya cuentan con el césped reglamentario.
Guadalajara, por su parte, presume de estar lista gracias al legado del Estadio Akron, construido con visión mundialista desde 2007. La ciudad recibirá cuatro partidos, incluyendo uno de la Selección Mexicana, y se prevé una asistencia masiva en la Plaza Liberación y Fundadores durante los 39 días del Fan Fest. Como parte del legado, se construirá una estatua de nueve metros de Pelé y un monorriel que conectará al estadio desde el Macro Periférico. Se espera una derrama económica de 20 mil millones de pesos y la proyección turística de los pueblos mágicos cercanos.
Finalmente, en la Ciudad de México, el Estadio Azteca mantiene su mística. Aunque en remodelación, su historia y peso simbólico siguen siendo vitales para la Selección. Braulio Luna, exseleccionado nacional, recordó el ambiente imponente del Azteca lleno, destacando la importancia de que el equipo mexicano conecte con su afición para hacer pesar la localía. A poco menos de un año del arranque del torneo, las tres ciudades muestran no solo avances técnicos sino también una fuerte carga simbólica, histórica y cultural, con la promesa de que este Mundial deje un legado tangible en infraestructura, identidad y proyección global.









