El presidente Yoon Suk Yeol desató una crisis en Corea del Sur tras declarar y luego retirar la ley marcial en menos de 12 horas. Este decreto militar otorgó poderes extraordinarios a las Fuerzas Armadas, incluyendo la prohibición de actividades políticas y la autorización para realizar arrestos y allanamientos sin orden judicial. Aunque la ley marcial está contemplada en la constitución surcoreana para emergencias extremas, su aplicación en un contexto democrático moderno generó una rápida reacción política y social.
El decreto, emitido en la noche del martes, suscitó el rechazo unánime del parlamento, que obligó al presidente a levantarlo horas después. Legisladores acudieron de inmediato al parlamento, enfrentándose incluso a soldados desplegados para bloquear el acceso. Ante la presión, Yoon ordenó retirar las tropas y revocó la medida en la madrugada del miércoles, marcando un episodio que reavivó temores sobre el autoritarismo en un país con una dolorosa historia de regímenes militares.
Aunque Corea del Sur ha sido una democracia vibrante desde la década de 1980, con elecciones libres y transferencias pacíficas de poder, su pasado autoritario sigue presente en la memoria colectiva. La última declaración de ley marcial ocurrió en 1980, en medio de protestas estudiantiles que derivaron en violencia. Este trasfondo histórico explica la contundente respuesta de ciudadanos y políticos, quienes salieron a manifestarse con consignas que rechazaban cualquier intento de regresar a un régimen dictatorial.
La crisis no solo expuso tensiones políticas internas, sino que también subrayó el compromiso de la sociedad surcoreana con la democracia, recordando al gobierno que los vestigios del pasado autoritario no tienen cabida en la actualidad.









