La madrugada del viernes, el Vaticano colocó la tradicional chimenea en el techo de la Capilla Sixtina, paso clave para el inicio del cónclave que elegirá al sucesor del papa Francisco. La instalación, realizada discretamente por bomberos del Vaticano ante la mirada ajena de los turistas en la plaza de San Pedro, marca el inicio de los preparativos para una de las ceremonias más solemnes de la Iglesia católica.
A partir del miércoles, 133 cardenales se encerrarán en la Capilla Sixtina para votar en secreto, bajo los frescos de Miguel Ángel, al nuevo líder espiritual de 1,400 millones de católicos. El sistema de votación contempla cuatro escrutinios diarios, y cada ronda se anunciará al mundo mediante el humo que salga por la chimenea: blanco si hay papa, negro si no hay acuerdo.
Las deliberaciones previas al cónclave ya comenzaron con reuniones entre cardenales para definir las prioridades del próximo pontífice, desde el combate a los abusos sexuales hasta las finanzas vaticanas. El 80% de los cardenales electores fueron nombrados por Francisco, muchos de regiones antes periféricas, lo que podría dar lugar a un giro en el liderazgo eclesial.
El cardenal uruguayo Daniel Sturla, que participa por primera vez, reconoció que estos días sirven para reflexionar y “decantar” posibles nombres. Expertos como Marco Politi anticipan una elección breve, pero marcada por una fractura interna en la Iglesia: no se espera un “Francisco II”, sino una figura más colegiada y cauta. La expectativa mundial crecerá conforme inicie el cónclave, con millones pendientes de la chimenea vaticana, la otra gran protagonista de esta elección papal.









