El empresario millonario Daniel Noboa, heredero de un imperio platanero, ha ganado la segunda vuelta presidencial en Ecuador a la temprana edad de 35 años, convirtiéndose en el presidente más joven en la historia de la nación. Su victoria se logró con el 52% de los votos, superando a Luisa González, la candidata del exmandatario socialista Rafael Correa.
La noticia de la victoria de Noboa fue celebrada en las calles de Quito con fuegos artificiales y bocinas de automóviles. Este resultado representa un revés significativo para el correísmo, ya que es la segunda elección presidencial que pierden consecutivamente después de años de popularidad.
En su discurso de victoria, Daniel Noboa expresó su compromiso de trabajar por un «nuevo Ecuador» y reconstruir un país afectado por la violencia, la corrupción y el odio. A pesar de ser relativamente desconocido en la política hasta hace poco, su segundo lugar en las primarias fue sorprendente y su triunfo inesperado.
Noboa se enfocó en atraer a los votantes jóvenes durante su campaña y prometió devolver la paz al país. Su victoria también cumple una ambición familiar de larga data, ya que creció acompañando a su padre, el empresario bananero Álvaro Noboa, en sus intentos de convertirse en presidente.
Ecuador, según las palabras de Noboa, tiene el potencial para convertirse en un ejemplo global de progreso. El presidente electo anunció que la próxima semana revelará los nombres de sus ministros y que se reunirá con el presidente saliente, Guillermo Lasso, en el Palacio de Gobierno en Quito.
Guillermo Lasso convocó elecciones anticipadas para evitar un juicio político por supuestos cargos de malversación de fondos en una empresa estatal, alegaciones que ha negado.
Luisa González, la candidata cristiana evangélica, aceptó su derrota y agradeció a Dios en medio de arengas de sus seguidores en Quito, declarando que el ganador fue elegido democráticamente.
Aunque la jornada electoral transcurrió sin incidentes graves, tanto Noboa como González votaron con chalecos antibalas y la presencia de custodios armados, destacando la necesidad de frenar la violencia en Ecuador, un país que ha experimentado un aumento en la actividad de carteles de droga y un creciente nivel de violencia en los últimos años. La seguridad en el proceso electoral requirió el despliegue de unos 100,000 militares y policías en todo el país.









