El Departamento de Defensa de Estados Unidos anunció la retirada de 2 mil elementos de la Guardia Nacional en Los Ángeles, luego de que las tensiones sociales originadas por las redadas migratorias disminuyeran. Esta decisión representa la reducción a la mitad del despliegue militar ordenado el mes pasado por el presidente Donald Trump, tras las protestas desencadenadas por su política de persecución a inmigrantes indocumentados.
El secretario de Defensa, Pete Hegseth, ejecutó la orden de repliegue tras considerar que la situación se estabilizó. «La anarquía en Los Ángeles está disminuyendo», declaró el portavoz del Pentágono, Sean Parnell, al justificar la salida parcial de las tropas. La movilización inicial incluyó miles de miembros de la Guardia Nacional y cientos de marines, una medida que generó fuerte oposición local.
La alcaldesa de Los Ángeles, Karen Bass, celebró la retirada y la atribuyó a la movilización ciudadana y las acciones legales emprendidas contra la administración Trump. «Nos organizamos en protestas pacíficas, realizamos mítines y llevamos al gobierno a los tribunales. Todo esto llevó a la retirada de hoy», afirmó.
Los Ángeles es considerada una de las principales «ciudades santuario» en Estados Unidos, albergando a cientos de miles de personas sin documentos legales. Por esta razón, ha sido blanco constante de las políticas antimigrantes del gobierno federal, especialmente desde el regreso de Trump a la presidencia en enero de 2025.
Este hecho marca un precedente inusual, ya que es la primera vez desde 1965 que un presidente de Estados Unidos despliega tropas de la Guardia Nacional en un estado en contra de la voluntad de su gobernador, en este caso, Gavin Newsom de California, quien ha expresado abiertamente su rechazo a las redadas y a la presencia militar.
Aunque la situación en la ciudad ha bajado de intensidad, persiste la preocupación entre activistas y autoridades locales por el carácter represivo de la estrategia migratoria federal. Organizaciones como People Over Papers han documentado redadas del ICE a lo largo del país, subrayando el impacto en comunidades vulnerables.
Con esta retirada parcial, la Casa Blanca busca reducir tensiones sin abandonar del todo su política migratoria de línea dura, mientras persiste la resistencia local.









