Durante una ceremonia celebrada en la Basílica de San Pedro ante cerca de 300 obispos en el marco de su Jubileo, el papa León XIV defendió con firmeza la práctica del celibato sacerdotal dentro de la Iglesia católica. En su mensaje, el Pontífice insistió en que los sacerdotes deben adoptar una postura “firme y decidida” en defensa de la castidad, no sólo como una obligación formal, sino como una forma de vida que refleje una conducta ejemplar y un corazón íntegro. Según sus palabras, el celibato debe entenderse como una expresión de pobreza voluntaria y de desapego, alineada con los valores evangélicos que debe encarnar todo pastor.
León XIV subrayó que esta forma de vida no solo implica abstenerse del matrimonio o de las relaciones sexuales, sino practicar una castidad profunda del corazón que dé testimonio de la santidad y pureza de la Iglesia. Añadió que es esencial evitar cualquier escándalo, en especial aquellos vinculados a abusos, y mantener un comportamiento que inspire confianza en los fieles. Para el Papa, la castidad y el celibato no son imposiciones vacías, sino compromisos asumidos con alegría y libertad por quienes desean consagrarse plenamente al servicio de Dios y de la comunidad.
Esta fue la primera ocasión en que León XIV se expresó de forma pública sobre el celibato desde que asumió el pontificado, aunque ya había abordado el tema con anterioridad cuando era prefecto del Dicasterio para los Obispos. En ese entonces, había reflexionado sobre la importancia de preservar las raíces espirituales del celibato como símbolo de entrega total. Su mensaje, ahora desde la cátedra de San Pedro, marca una línea clara en torno a una de las prácticas más discutidas de la Iglesia contemporánea.
El Papa también llamó a los obispos a ser hombres sencillos, generosos, sobrios y libres de favoritismos y riquezas. Enfatizó que solo a través de esa vida austera y comprometida pueden convertirse en verdaderos guías del pueblo de Dios. La defensa del celibato se enmarca en un contexto en el que varias voces dentro y fuera de la Iglesia han sugerido la posibilidad de revisar esta norma, pero León XIV parece decidido a mantenerla como parte esencial de la identidad del sacerdocio católico.









