Sheikh Hasina, la primera ministra de Bangladesh, ha dimitido y huido del país tras un mes de intensas protestas estudiantiles que dejaron un saldo de casi 100 muertos en un solo día de disturbios. Conocida como la Dama de Hierro, Hasina, de 76 años, dejó el país en un helicóptero después de que las manifestaciones, iniciadas en julio, se tornaran violentas y se intensificaran. Los militares anunciaron la formación de un «gobierno provisional» para estabilizar la situación.
El general Waker-Uz-Zaman, jefe del ejército, comunicó en un mensaje televisado que Hasina había renunciado y que era necesario poner fin a la violencia para salvar la economía y la estabilidad del país. Las protestas comenzaron tras la reintroducción de un sistema de cuotas en los empleos públicos, lo cual desató la indignación entre los estudiantes y otros grupos de la sociedad.
El día más violento de las protestas fue el pasado domingo, con enfrentamientos que dejaron 94 muertos, incluidos 14 policías. Los manifestantes, armados con palos y cuchillos, se enfrentaron a las fuerzas de seguridad, quienes respondieron con disparos. Las manifestaciones también llevaron al derribo de una estatua del padre de Hasina, el jeque Mujibur Rahman, héroe de la independencia de Bangladesh en 1971.
Mientras los disturbios continuaban, el Tribunal Supremo intentó calmar la situación suavizando el sistema de cuotas, pero esto no detuvo las protestas que exigían la dimisión de Hasina. Multitudes irrumpieron en la residencia oficial de la primera ministra en Daca, celebrando su huida y ondeando banderas. Algunos manifestantes incluso bailaron sobre tanques, mostrando su júbilo ante la caída del gobierno.
En un contexto histórico, Bangladesh ya había vivido una situación similar en 2007, cuando los militares declararon el estado de emergencia e instauraron un gobierno provisional durante dos años. Hasina llegó al poder en 2009, pero su gobierno ha sido criticado por organizaciones de derechos humanos por el uso de la represión para mantener el poder.
El general Waker-Uz-Zaman hizo un llamado a la calma y a la cooperación de los estudiantes en su discurso, buscando poner fin a la violencia y restaurar la paz en el país. Las protestas, que empezaron por un sistema de cuotas, se transformaron en un movimiento más amplio en contra del gobierno de Hasina, culminando en su dimisión y la intervención militar para formar un gobierno provisional.









