La administración del presidente Joe Biden está dando un giro significativo en la política de drogas de Estados Unidos al preparar una medida histórica que reclasificará la marihuana como una droga «menos peligrosa». Esta decisión marca la primera vez en más de 50 años que se reevalúa la clasificación del cannabis desde que se promulgó la Ley de Sustancias Controladas en 1971.
Se espera que la Administración para el Control de Drogas (DEA) apruebe una opinión del Departamento de Salud y Servicios Humanos que sugiere reclasificar el cannabis de la Lista I a la Lista III de sustancias controladas. Esta reclassificación, menos restrictiva, reconocería los posibles beneficios médicos del cannabis y abriría la puerta a una investigación más seria sobre sus propiedades medicinales.
Desde su clasificación en 1971, la marihuana ha sido considerada junto con drogas como la heroína y las metanfetaminas, sin uso médico aceptado y con alto potencial de abuso. La reclassificación permitiría que el cannabis fuera estudiado más a fondo para identificar sus beneficios médicos concretos, lo que podría llevar a su participación en la industria farmacéutica y a una posible venta en estados donde es legal.
La medida también tendría un impacto económico significativo al beneficiar a la industria del cannabis, eliminando cargas fiscales importantes y potencialmente reduciendo el mercado negro. Sin embargo, hay preocupaciones sobre la percepción de la marihuana como menos peligrosa de lo que realmente es, especialmente entre los jóvenes, así como preocupaciones sobre el cannabis de alta potencia y su impacto en la salud mental.
El presidente Biden ha respaldado el proceso de revisión federal y ha enfatizado que nadie debería ser encarcelado por consumir o poseer marihuana. Aunque la administración anterior se oponía a la legalización de la marihuana, ha habido un creciente apoyo bipartidista a las reformas sobre el cannabis, reflejado en encuestas que muestran un amplio respaldo público a la legalización para usos médicos y recreativos.
A pesar de la reclassificación propuesta, aún hay un camino por recorrer, con un período de revisión pública y posibles desafíos en el Congreso. Sin embargo, esta medida representa un cambio significativo en la política de drogas de Estados Unidos y podría tener implicaciones duraderas tanto en el ámbito médico como económico.









