La bandera de México se ha convertido en un símbolo polémico durante las protestas en Los Ángeles contra las redadas migratorias. Mientras miles de manifestantes, en su mayoría de ascendencia mexicana, ondean el lábaro patrio como muestra de orgullo cultural y solidaridad, el expresidente Donald Trump lo ha interpretado como un acto de provocación, calificándolo incluso como una “invasión extranjera”.
Las protestas, que se mantienen desde hace cinco días, han sido mayoritariamente pacíficas, aunque con incidentes aislados que han generado imágenes impactantes de enfrentamientos entre manifestantes y autoridades. Estas fotografías han sido utilizadas por el gobierno federal como justificación para desplegar miles de soldados en la ciudad, en medio del rechazo de autoridades locales.
Trump declaró que solo la bandera estadounidense ondeará en las calles angelinas, mientras que sus aliados republicanos refuerzan la narrativa de una amenaza extranjera. La Primera Enmienda protege el derecho a izar banderas extranjeras, y no es la primera vez que la de México aparece en manifestaciones de este tipo: en 1994 fue símbolo de protesta contra una ley discriminatoria. Voces como la de Diana Mena, estadounidense hija de inmigrantes mexicanos, defienden la dualidad cultural como algo valioso.
El estratega Mike Madrid considera irónico que se repita una táctica que antes resultó contraproducente, y añade que muchos latinos apoyan actualmente políticas migratorias más estrictas. No obstante, advierte que la comunidad solo se unifica políticamente cuando se siente atacada. En contraste con la indignación por las banderas mexicanas, un oficial del Capitolio recordó que en el asalto del 6 de enero de 2021, simpatizantes de Trump portaban emblemas confederados, lo cual, afirma, no fue objeto del mismo escándalo. Así, la polémica por el uso de la bandera mexicana refleja tensiones profundas sobre identidad, ciudadanía y expresión política en Estados Unidos.









