SAN ANTONIO, TEXAS.- Este verano, familias de origen africano que buscan asilo ocuparon la mayoría de las habitaciones de un modesto hotel a unos pocos kilómetros del océano: 192 adultos y 119 niños en total.
Están entre los más de un millón de inmigrantes a los que se les ha permitido ingresar al país de forma temporal después de cruzar la frontera durante la presidencia de Joe Biden, parte de una cascada histórica de migración irregular en todo el mundo.
A diferencia de los cientos de miles que han entrado al país sin ser detectados durante el periodo de Biden, muchas personas de entre ese millón tienen la esperanza de obtener asilo –una posibilidad remota– y tendrán que esperar siete años en promedio antes de que se tome una decisión respecto de su caso a causa del congestionado sistema migratorio de la nación.
El hotel de aquí es parte de un puñado en la región, además del albergue familiar de Portland, que ofrecen vivienda temporal a cientos de nuevos inmigrantes.
Maine es poco común, pues permite que la gente que busca asilo reciba apoyo financiero para renta y otros gastos, en parte por medio de su programa de Asistencia General.
Sin embargo, el desafío ha sido profundo; en mayo, las autoridades de Portland anunciaron que la ciudad ya no iba a garantizar albergue para los solicitantes de asilo recién llegados porque las viviendas de emergencia estaban al máximo de su capacidad.
“La comunidad está creciendo tanto que se está corriendo la voz de que ofrecemos ayuda”, comentó Mike Guthrie, director de un albergue familiar de Portland. “Por eso llega más gente”.
Aunque la inmigración es un asunto político que genera uno de los debates más acalorados en el país, la atención casi siempre se centra en la creciente cantidad de personas que buscan cruzar la frontera suroeste.
Se ha prestado menos atención a lo que les ocurre a quienes son liberados de la custodia gubernamental para esperar de manera legal audiencias frente a tribunales de inmigración y terminan desperdigados por todo el país.
Algunos desaparecen en las sombras y nunca se presentan a sus citas en los tribunales o los controles obligatorios con el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) de Estados Unidos.
A otras personas se les dificulta cumplir con los requisitos para reportarse en un sistema que nunca había estado tan saturado ni desorganizado.










