Miles de migrantes legales con décadas de residencia en Estados Unidos están buscando la ciudadanía ante el temor de perder su “Green Card”. Esta preocupación surge por el endurecimiento de las políticas migratorias impulsadas por el presidente Donald Trump, cuyas propuestas han generado incertidumbre y miedo entre quienes hasta hace poco se sentían seguros con su estatus legal.
En ciudades como Las Vegas, Nevada, los centros comunitarios han comenzado a registrar una mayor afluencia de personas, en su mayoría mayores de 40 años, que buscan prepararse para el examen de ciudadanía. En lugares como la Casa del Migrante, se imparten clases tres veces por semana. El maestro Uriel García, con una década de experiencia enseñando civismo, afirma que nunca antes había presenciado tanto interés acompañado de un sentimiento de miedo generalizado.
Casos como el de Margarita Córdova, con 32 años de residencia permanente, ejemplifican este fenómeno: aunque nunca antes consideró naturalizarse, ahora lo ve como una medida necesaria ante la posibilidad de que le retiren su estatus. Otros, como Braulio Nava, aseguran que aunque “ya están arreglados”, no confían en que eso los proteja si Trump vuelve a imponer medidas más restrictivas. Incluso temen que el mismo día de la entrevista de ciudadanía puedan perder su residencia.
Esta situación no se limita a Las Vegas; se replica en todo Estados Unidos, especialmente en ciudades con altas poblaciones migrantes, donde las comunidades que se creían estables ahora enfrentan un clima de inestabilidad. Frente a un panorama de leyes migratorias cambiantes y amenazas latentes, el deseo de convertirse en ciudadanos se ha vuelto una vía para garantizar tranquilidad, seguridad jurídica y protección frente a posibles deportaciones o cancelaciones de residencia.









