El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha recaudado casi 50 mil millones de dólares en ingresos arancelarios tras imponer tarifas históricas a nivel global, gracias a que la mayoría de los países han optado por no tomar represalias ante sus amenazas comerciales. De acuerdo con el Financial Times, esta política le ha permitido obtener beneficios fiscales sin pagar un alto costo político, ya que solo China, Brasil y Canadá se han atrevido a responder con tarifas similares.
Desde su regreso a la Casa Blanca, Trump aplicó un arancel mínimo del 10% a todas las importaciones, además de tarifas del 50% al acero y aluminio, y 25% a los automóviles, lo que elevó los ingresos aduaneros estadounidenses a 64 mil millones de dólares en el segundo trimestre de 2025, una cifra récord. Solo en mayo, se registraron 23 mil millones de dólares, un aumento interanual del 270%, lo que contribuyó significativamente a reducir el déficit fiscal del país.
A pesar de que algunas naciones han amagado con responder, como la Unión Europea, sus reacciones han sido contenidas por temor a una escalada que afecte sus economías. La UE ha vinculado cualquier represalia a la fecha límite del 1 de agosto, establecida por Trump para lograr acuerdos negociados. México también optó por la negociación luego de que EE.UU. le impusiera un arancel del 25% en marzo y ahora enfrenta la amenaza de un 30% adicional a partir de agosto.
Expertos señalan que la posición dominante de EE.UU. como mercado de consumo, sumada a las represalias individualizadas de Trump, ha llevado a que muchos países eviten la confrontación directa. Además, grandes marcas internacionales han optado por distribuir el impacto de los aranceles en otros mercados para evitar subir los precios en territorio estadounidense.
Mientras tanto, Canadá, uno de los pocos que sí respondieron, ha moderado sus represalias ante la presión de Washington, a pesar de las promesas de su primer ministro Mark Carney. El temor a una crisis mayor en las cadenas globales de suministro y al aumento de la inflación ha hecho que muchas naciones opten por una postura cautelosa.
El futuro de esta guerra comercial dependerá del comportamiento de Trump tras el 1 de agosto y de si las potencias económicas del mundo logran coordinar una respuesta conjunta o siguen cediendo ante la presión de la Casa Blanca.









