Moscú.- Rusia rechaza declarar un alto el fuego en el vecino país eslavo, aunque está dispuesta a negociar el fin de su conflicto bélico con Ucrania bajo una serie de condiciones que ésta considera inaceptables y sin hacer ninguna concesión a Kiev.
Este es el mensaje principal de la entrevista –distribuida este lunes por la cancillería rusa– que concedió el ministro de Relaciones Exteriores de Rusia, Serguei Lavrov, al periódico húngaro Magyar Nemzet.
Aunque el jefe de la diplomacia rusa no planteó este lunes nada que no se haya dicho ya, desde cualquier portavoz de este país hasta el presidente Vladimir Putin, vale la pena glosar la entrevista porque Lavrov detalló los puntos que el Kremlin insiste debe ceder Ucrania para poder firmar un tratado de paz que ponga fin a la guerra.
Antes que nada, Rusia “quiere una paz duradera y no un alto el fuego. No necesita hacer una pausa, que el régimen de Kiev y sus patrocinadores externos promueven para reagrupar tropas, continuar el reclutamiento y fortalecer su potencial bélico”.
Según Lavrov, no habrá paz hasta que “se reconozcan de modo legal y a nivel internacional las nuevas realidades territoriales”, como denomina el Kremlin la anexión de Donietsk, Lugansk, Jersón, Zaporiyia y, antes, de Crimea.
Sostiene que “sus habitantes decidieron su futuro mediante la libre expresión de su voluntad en sendos referendos”.
La agenda del día rusa contempla “desmilitarizar y desnazificar” Ucrania, pero no precisó estos conceptos, así como “anular todas las sanciones contra Rusia, retirar las demandas contra Rusia y devolver los activos retenidos ilegalmente en Occidente”.
Para Lavrov, “es imposible lograr un arreglo estable” sin eliminar las “causas originarias”, sobre todo “suprimir la amenaza a la seguridad de Rusia por la expansión hacia el este de la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte)) y los intentos de involucrar Ucrania en ese bloque militar”.
Agregó: “No menos importante es hacer que se respeten los derechos humanos en los territorios que sigan bajo control del régimen de Kiev”, el cual –conforme al canciller ruso– “después de 2014 elimina todo lo que esté relacionado con Rusia: a las personas rusas o rusoparlantes, su idioma, cultura, tradiciones, religión, los medios de comunicación en ruso”.










