El expresidente Donald Trump sorprendió con el anuncio de un nuevo acuerdo comercial entre Estados Unidos y China que incluiría el suministro “por adelantado” de tierras raras e imanes críticos, materiales esenciales para sectores como la industria de defensa, tecnología y energías renovables. El mensaje, difundido por Trump a través de su red Truth Social, fue emitido tras dos días de negociaciones en Londres entre delegaciones de ambos países, donde se delineó un marco general para reactivar la tregua arancelaria alcanzada anteriormente en Ginebra. Sin embargo, el anuncio generó reacciones cautelosas, pues aún no se han revelado cifras ni plazos concretos del acuerdo, lo que ha llevado a analistas a calificarlo como preliminar y sujeto a cambios.
El secretario de Comercio estadounidense, Howard Lutnick, confirmó que el pacto en borrador contempla la eliminación de restricciones tanto para las exportaciones chinas de minerales raros como para algunas exportaciones tecnológicas estadounidenses. A cambio del suministro anticipado de tierras raras, Trump afirmó que Estados Unidos permitirá un mayor acceso a estudiantes chinos en universidades del país, además de mantener aranceles elevados a productos chinos, que sumarían un 55 % si se consideran los nuevos y antiguos gravámenes. El viceministro de Comercio de China, Li Chenggang, señaló que el acuerdo fue alcanzado “en principio”, y deberá ser aprobado por los presidentes Trump y Xi Jinping.
El contexto de este pacto incluye meses de tensiones arancelarias que afectaron las cadenas de suministro globales. En abril, China endureció las licencias para exportar 17 elementos raros, lo que llevó a Estados Unidos a bloquear software y componentes críticos para la industria china. En respuesta a la nueva negociación, algunas empresas chinas ya han informado la reactivación de sus permisos de exportación. No obstante, la falta de detalles y la tibia reacción de los mercados —con apenas un 0.6 % de alza en el índice MSCI Asia-Pacífico— indican que el acuerdo aún genera incertidumbre.
Ambas delegaciones tienen hasta el 10 de agosto para convertir el marco en un convenio formal. De fracasar, podrían reactivarse aranceles previamente suspendidos. Analistas y organismos internacionales, como el Banco Mundial, advierten que la guerra comercial sigue representando un freno importante al crecimiento global. Aunque Trump ha presentado el acuerdo como una victoria política, persisten las dudas sobre su alcance real y su viabilidad a largo plazo.









