Una escultura de bronce que retrata el intento de asesinato contra Donald Trump durante un mitin en Butler, Pensilvania, en julio de 2024, fue colocada recientemente en el Despacho Oval, generando gran atención tanto en Estados Unidos como a nivel internacional. La pieza, de unos 30 centímetros de altura, muestra al entonces candidato republicano con el brazo alzado y el puño cerrado, mientras tres agentes del Servicio Secreto lo resguardan con rapidez.
La escena reproduce la imagen que se volvió icónica tras el ataque, cuando Trump, herido en la oreja derecha, alzó el puño ensangrentado como gesto de desafío y determinación. La escultura fue vista el pasado 9 de mayo sobre el histórico Resolute Desk, justo cuando el ahora presidente firmaba nuevas órdenes ejecutivas.
La Casa Blanca difundió una imagen oficial del objeto pero no dio detalles sobre su creador o cómo llegó a ocupar un lugar tan visible. No obstante, medios como Fox News sugieren que podría tratarse de una obra en el estilo de Stan Watts, artista reconocido por sus esculturas patrióticas y de corte histórico.
Paralelamente, la organización The Trump Statue Project ha iniciado una campaña para financiar una versión monumental de la misma escena, que alcanzaría los 2,7 metros de altura, con la intención de conmemorar públicamente aquel episodio que redefinió la narrativa de la campaña presidencial.
Para los seguidores de Trump, la escultura representa mucho más que un objeto decorativo: es un símbolo de resistencia, coraje y liderazgo. Su presencia en el despacho más poderoso del mundo no solo inmortaliza un evento traumático, sino que también enmarca la figura de Trump como alguien que sobrevivió y se fortaleció tras el atentado. El uso de una escultura para destacar este momento consolida su narrativa de “hombre providencial” y refuerza su imagen de fuerza frente a la adversidad, una estrategia que continúa resonando entre su base electoral.









