Las dos mayores economías del mundo, Estados Unidos y China, están evaluando la posibilidad de reducir los aranceles que han tensado su relación comercial durante el último año, con la esperanza de iniciar negociaciones bilaterales. Aunque las conversaciones formales aún no comienzan, el presidente Donald Trump declaró que busca un “acuerdo justo con China”, mientras que Pekín expresó su disposición al diálogo.
Sin embargo, el secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, confirmó que no se ha entablado ninguna negociación directa y afirmó que ambas partes “están esperando” el momento oportuno para iniciar el proceso. El contexto ha sido marcado por medidas unilaterales agresivas: Washington impuso un aumento de hasta 145% en aranceles sobre productos chinos, mientras que Pekín respondió con tarifas de hasta 125% sobre mercancías estadounidenses. Este intercambio de medidas ha repercutido severamente en el comercio global.
Bessent agregó que los niveles actuales “no son sostenibles” y que probablemente se reduzcan mutuamente, como un primer paso hacia la conciliación. Las declaraciones de ambas partes generaron una reacción positiva en los mercados financieros: el Dow Jones subió 1.07%, el Nasdaq 2.50% y el S&P 500 1.67%. Trump también ha reducido los aranceles a otros socios comerciales al 10% mínimo, exceptuando a China, aunque se mantienen gravámenes sobre sectores clave como acero, aluminio y automóviles.
En paralelo, el embajador chino en la ONU, Fu Cong, acusó a Estados Unidos de intimidación económica y de socavar el orden global. A pesar del cruce de señalamientos, el ambiente sugiere una apertura hacia la distensión. La posibilidad de una tregua se percibe como una oportunidad para evitar una ruptura comercial que, según Bessent, “no beneficia a nadie” y representa un riesgo para la estabilidad económica mundial. Aunque aún no hay fecha ni condiciones específicas para sentarse a negociar, ambas naciones reconocen que el escenario actual exige soluciones y una desescalada mutua.









