China anunció una serie de medidas contundentes en respuesta a los recientes aranceles impuestos por Estados Unidos bajo la administración de Donald Trump, desatando una nueva escalada en la guerra comercial entre ambas potencias. A través de un comunicado oficial del Consejo de Estado, el gobierno chino estableció un arancel del 34% a productos estadounidenses, igualando la tasa impuesta por Washington a las importaciones chinas.
Además, Pekín prohibió a 11 compañías estadounidenses operar en su territorio, restringió la exportación de tierras raras —minerales clave para las industrias tecnológicas y militares— e inició investigaciones contra la importación de equipo médico proveniente de EE.UU. Estas medidas entrarán en vigor el próximo 10 de abril, como respuesta a lo que China calificó de “intimidación unilateral” que pone en riesgo la estabilidad de la economía global.
Una de las decisiones más estratégicas fue el bloqueo de exportaciones de tierras raras, elementos esenciales para la fabricación de autos eléctricos, dispositivos electrónicos y sistemas de defensa, lo que impacta directamente a industrias clave de EE.UU. China controla alrededor del 90% de la producción mundial de estos minerales, y su nueva política de licencias selectivas otorga a Pekín un poder significativo sobre el flujo global de estos recursos.
Ante estas acciones, Donald Trump respondió con una publicación en Truth Social afirmando que China “entró en pánico”, pero expertos consideran que Pekín actúa desde una posición de fuerza. Analistas señalan que el gobierno chino ya no espera soluciones diplomáticas con EE.UU. y ha optado por medidas firmes. La queja presentada ante la OMC no ha tenido efecto, pues el caso aún está en etapa de consulta. Mientras tanto, los mercados globales reaccionaron negativamente: el índice S&P 500 cayó un 2.5%, su peor jornada desde 2020, arrastrando a empresas como Tesla, Apple y Qualcomm.
La situación genera incertidumbre en sectores tecnológicos y automotrices que dependen de componentes chinos. Todo apunta a que el conflicto se extenderá, y según académicos chinos, el escenario actual favorece a Pekín en esta ronda comercial, ya que el impacto político y económico de los aranceles podría terminar perjudicando más a Washington.









