El papa Francisco aprobó un nuevo proceso de tres años para considerar reformas en la Iglesia católica, según informó el Vaticano. Esta decisión, tomada mientras el Pontífice de 88 años permanece hospitalizado en el hospital Gemelli de Roma, confirma su intención de seguir adelante con los cambios a pesar de las especulaciones sobre una posible renuncia. El proceso culminará con una nueva cumbre en 2028, donde se evaluarán las propuestas recogidas en consultas globales con la comunidad católica.
El plan de reformas se centra en ampliar la participación dentro de la Iglesia, abordando temas polémicos como la posibilidad de que las mujeres sirvan como diáconos, la inclusión de personas LGBTQ y un mayor papel de los laicos en la gobernanza eclesiástica. Esta iniciativa surge tras el Sínodo de los Obispos celebrado en octubre de 2024, que por primera vez incluyó a mujeres con derecho a voto y concluyó con un documento final firmado por el Papa. A pesar de no haber alcanzado decisiones concluyentes, el proceso de reforma se extenderá por tres años, con la participación activa de católicos de todo el mundo.
El cardenal Mario Grech, encargado del proceso de reforma, destacó la importancia de este nuevo ciclo como un impulso misionero para la Iglesia, subrayando que es «una señal de esperanza» en tiempos de incertidumbre. Por su parte, la Santa Sede informó que la condición de salud del Pontífice permanece estable, con progresos continuos durante su hospitalización, lo que refuerza su capacidad para seguir liderando los esfuerzos de renovación.
La prolongación del proceso de reformas reafirma la intención de Francisco de modernizar la Iglesia católica y abrir espacios de diálogo y participación. Su permanencia en el hospital no ha frenado estos esfuerzos, lo que evidencia su compromiso con una Iglesia más inclusiva y con mayor diversidad en la toma de decisiones.









