Con la inminente llegada de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos, su administración ha confirmado la reimplementación de políticas migratorias severas, entre ellas la detención y separación de familias migrantes. Tom Homan, quien fungirá como el nuevo «zar de la frontera», ha anunciado que se restablecerán centros de detención familiares y que los padres de niños nacidos en Estados Unidos podrían enfrentarse a la deportación, dejando a sus hijos en territorio estadounidense.
Homan, conocido por ser el principal impulsor de la controvertida política de separación familiar durante el primer mandato de Trump, enfatizó que estas medidas buscan enviar un mensaje claro a los migrantes. Según sus declaraciones, los padres en situación irregular deberán decidir entre abandonar el país junto con sus hijos o separarse de ellos. Además, anunció que se construirán nuevas instalaciones para alojar a las familias detenidas, con capacidad adaptada a los datos proyectados sobre detenciones.
Aunque estas políticas prometen ser más estrictas, Homan aseguró que no se utilizará personal militar para realizar arrestos masivos, limitando su participación a labores de apoyo logístico. Sin embargo, la declaración ha generado fuertes críticas por parte de organizaciones como Human Rights Watch (HRW), que califican estas medidas como inhumanas, señalando que entre 2017 y 2021, más de 4,600 niños fueron separados de sus familias, con al menos 1,360 menores que aún no han sido reunificados con sus padres.
ONG internacionales han instado al Senado estadounidense a rechazar los nombramientos de figuras clave de esta administración, como Homan, que han sido responsables de políticas calificadas como posibles actos de tortura y desaparición forzada. La reinstauración de estas prácticas marca un regreso a medidas que han sido objeto de condena global.









