A dos años de la invasión rusa en Ucrania, el balance de víctimas se mantiene en la incertidumbre, con divergencias notables entre las cifras proporcionadas por Kiev y Moscú. Ambas naciones han guardado silencio sobre sus bajas militares, y Rusia ha disimulado el número de civiles fallecidos en las áreas que ha conquistado, como en la ciudad de Mariúpol, que ha quedado devastada.
Las muertes civiles son difíciles de precisar debido a la imposibilidad de acceder a los territorios ucranianos ocupados por Rusia. En junio de 2023, las autoridades ucranianas registraron oficialmente 10,368 civiles muertos, pero se estima que la cifra real podría ser cinco veces mayor, alcanzando alrededor de 50,000 víctimas, según Oleg Gavrych, consejero del jefe de gabinete del presidente Volodimir Zelenski.
La ONU también contabilizó 10,000 civiles muertos pero sugiere que la cifra es considerablemente más alta. En Mariúpol, la ciudad portuaria del sur de Ucrania, el asedio ruso se cobró al menos 25,000 vidas, según las autoridades rusas, aunque no se han proporcionado cifras para otras ciudades ocupadas.
En términos militares, tanto Ucrania como Rusia no divulgan información sobre sus bajas, obligando a depender de estimaciones de terceros. Según una investigación conjunta de Mediazona y el servicio en ruso de la BBC, alrededor de 45,000 soldados rusos han perdido la vida desde el inicio de la invasión.
El ejército ucraniano afirmó el martes haber matado o herido a aproximadamente 405,000 soldados rusos en dos años. Sin embargo, estas cifras contrastan con las estimaciones de oficiales estadounidenses que sugieren pérdidas ucranianas de 70,000 muertos y entre 100,000 y 120,000 heridos. Del lado ruso, se reportan 120,000 muertos y entre 170,000 y 180,000 heridos, según evaluaciones estadounidenses.
La falta de transparencia en la contabilidad de víctimas en este conflicto prolongado contribuye a la complejidad y confusión en torno al verdadero costo humano de la guerra entre Ucrania y Rusia.









