La Corte Suprema de Estados Unidos ha dado un veredicto que marca un hito al poner fin a los programas de discriminación positiva en las universidades del país.
Los seis jueces conservadores, en contra de los tres progresistas, han dictaminado que los criterios de admisión basados en el color de la piel o el origen étnico de los solicitantes son inconstitucionales.
Este fallo ha generado un debate acalorado en torno a la igualdad de oportunidades y el mérito individual.
El expresidente Donald Trump ha celebrado esta decisión como un «gran día para Estados Unidos», argumentando que la sentencia permitirá mantener la competitividad del país frente al resto del mundo.
Trump, quien busca un segundo mandato en la Casa Blanca, enfatizó la importancia de valorar a las mentes más brillantes y basar el acceso a la educación superior en el mérito.
El presidente republicano de la Cámara de Representantes, Kevin McCarthy, también ha elogiado el fallo, afirmando que ahora los estudiantes podrán competir en igualdad de condiciones y por méritos individuales.
Se espera que esta medida haga que el proceso de admisión en las universidades sea más justo y defienda la igualdad ante la ley, según escribió McCarthy en Twitter.
Los programas de discriminación positiva se implementaron en algunas universidades selectivas a finales de la década de 1960 con el objetivo de corregir las desigualdades derivadas del pasado segregacionista de Estados Unidos y aumentar la diversidad en las aulas. Sin embargo, esta política ha sido objeto de críticas por parte de los conservadores, quienes la consideran opaca y racista.
El fallo de la Corte Suprema ha generado opiniones encontradas en la sociedad, desatando un debate sobre los principios de igualdad, mérito y diversidad en la educación superior.
Este hito judicial marcará un nuevo capítulo en la forma en que se lleva a cabo el proceso de admisión en las universidades de Estados Unidos.









