José Inés Figueroa Vitela
Luego de haber andado en la revolución, donde hacía las veces de telegrafista para la División del Norte -rezan las crónicas-, RENATO LEDUC retomó su educación bachiller en el Colegio de San Ildefonso.
En una aburrida clase, con sus compañeros jugaban a hacer cuartetos en un máximo de 3 minutos; uno de ellos, el tabasqueño ADÁN SANTANA le apostó a que no podría hacer uno, partiendo de la base “hay que darle tiempo al tiempo”.
“LEDUC se devanó los sesos sin lograr el desafío. En son de burla y delante de todos, su condiscípulo le recordó ufano: Yo creí que porque haces versitos sabías siquiera que la palabra tiempo no tiene rima”.
Ofendido y maltratado por la inquina, RENATO pagó la apuesta, se fue a casa, consultó el diccionario y comprobó que efectivamente el vocablo “tiempo” no tiene consonante (IA).
Esa noche, picado en su orgullo, conjugó en sí la palabra “Tiempo”, en sus variadas acepciones, dando paso al célebre poema que, hecho canción, varias generaciones hemos entonado y de la que algunos siguen haciendo modo de vida.
Sabia virtud de conocer el tiempo; a tiempo amar y desatarse a tiempo; como dice el refrán: dar tiempo al tiempo…que de amor y dolor alivia el tiempo.
Aquel amor a quien amé a destiempo: martirizóme tanto y tanto tiempo; que no sentí jamás correr el tiempo, tan acremente como en ese tiempo. Amar queriendo como en otro tiempo -ignoraba yo aún que el tiempo es oro-; cuánto tiempo perdí -ay- cuánto tiempo.
Y hoy que de amores ya no tengo tiempo: amor de aquellos tiempos, cómo añoro: la dicha inicua de perder el tiempo (fin de la cita) ¿Les suena a algo en este tiempo? Ahora está de moda preguntarles a los personajes de la vida pública estatal por sus aspiraciones políticas, de cara a la elección local del año entrante.
La Secretaria de Desarrollo Económico del Estado, NINFA CANTÚ DEANDAR, respondió en una de esas entrevistas, que no se descarta, pero aún no es tiempo de ocuparse de esos temas, concentrada en las responsabilidades que ahora tiene asignadas.
En efecto, el proceso interno de su partido para la selección de los y las candidatas a las alcaldías -en su caso para Nuevo Laredo- arranca por el mes de octubre, con los registros de aspirantes a defensores municipales de la cuarta transformación, a donde deberán llegar con licencia o renuncia al encargo que estén detentando.
Hablando de lo mismo, el Rector de la Universidad Autónoma de Tamaulipas, DÁMASO ANAYA ALVARADO, lacónico, pareció responder a los reporteros con otra pregunta: ¿acaso me han visto por ahí recorriendo calles o colonias? El médico ANAYA está tan concentrado en el liderazgo del Alma Mater, que los resultados saltan a la vista, rompiendo esquemas y marcando hitos que son piedra angular, soportando en buena medida, la construcción del segundo piso de la cuarta transformación.
Cuando habla de recuperar presupuestos, parece una cuestión de trámite, pero cuando se voltea al pasado institucional, o se panea en el entorno de la geografía nacional, se dimensionan alcances.
Aún flota en la memoria colectiva cuando los gobernantes disponían de los fondos universitarios para sus intereses particulares y cuando hasta los funcionarios intermedios vivían como jeques, con nanas, servidumbre, choferes y guardias pagados en la nómina universitaria, mientras los altos mandos disponían de cuotas y réditos.
Hoy mismo en la mayoría de los estados, las pensiones en las Universidades están en quiebra y en muchos, ni para pagar la nómina completan, mientras los gobernadores les regatean la entrega hasta de las partidas federales.
Más allá de los caudales, en la UAT de DÁMASO brillan los aumentos de la infraestructura, la matrícula, el equipamiento, la calidad educativa y la eficiencia terminal que abre mercados a la oferta de profesionistas propios, egresados de la institución. Ese es el mayor reflejo de que el Rector no anda distraído en temas de corte electoral, pensando en candidaturas. Del saber y conocer del tiempo.






