JOSÉ INÉS FIGUEROA VITELA
¡ Viva México!, gritaría alguno luego de reclamar “¡quiero ver sangre!”, en algún espectáculo de la llamada “lucha libre”. Ahora hay quienes pontifican y aclaman, al rasgar de vestiduras, porque las comparecencias para la glosa del cuarto informe del Gobernador AMÉRICO VILLARREAL ANAYA, que, porque no han estado ríspidas, como era común en el pasado.
Que por qué los reclamantes de antes ahora callan; que porque los reclamados de antaño, también. Nunca como en la época contemporánea, la memoria natural y la virtual, permiten a todo mundo observar, conocer y entender las diferencias.
¿Qué pasaba antes con estos ensayos democráticos y republicanos cada que era menester vivirlos? Los reclamos de la oposición navegaban entre las ausencias estratégicas, cuando los gobernantes no mandaban a sus colaboradores cuestionados, o que cuando iban simplemente no atendían los requerimientos de los representantes populares.
En el peor de los escenarios, las comparecencias, como las cuentas públicas y otros temas delicados de la agenda legislativa, eran moneda de cambio en el viejo sistema prianista, corrupto y corruptor.
¿Se acuerda del caso de los diputados federales y senadoras a quienes se pagaron disimulos multimillonarios, del gobierno y de la transnacional Odebrecht para que aprobaran la reforma energética que permitiera la venta de los energéticos nacionales al extranjero? Ese solo fue un botón de muestra de las tantas prácticas legislativas corruptas y corruptoras.
Desde que AMÉRICO VILLARREAL con MORENA llegó al gobierno tamaulipeco, la disposición ha sido para que todos los integrantes del gabinete -incluidos los de las áreas más delicadas por supuesto- acudan a la glosa del informe.
Tan bien ha hecho su trabajo y tan se han preparado para transparentar sus oficios, que Presentadas las preguntas y dadas las respuestas, propios y extraños han reconocido el buen desempeño, el compromiso y los alcances del gobierno de la transformación.
Datos duros, políticas asertivas aplicadas, apertura al diálogo y la recepción de propuestas viables, son elementos incuestionables que explican el grado de entendimiento que anima a la colaboración y la cercanía entre los poderes Ejecutivo y Legislativo de Tamaulipas.
¿Sería mejor que ya no se dieran las comparecencias para la glosa de los informes de gobierno? Esa es una conclusión fácil de cuya autoría vendría el primer reclamo si en efecto se diera.
Más allá de la transparencia y la rendición de cuentas, la obligación de los servidores públicos de presentarse ante los diputados a aclarar dudas y escuchar los planteamientos de los representantes populares, sin necesariamente convertirse en un ring de peleas, cumple una función fundamental en el ejercicio de ambos entes de gobierno.
Seguramente, en los tiempos actuales, donde la honestidad, la transparencia y la rendición de cuentas son primicia en el ejercicio gubernamental podría no pasar mayor cosa.
Sin ese acicate, sin embargo, la relajación de los operadores gubernamentales podría derivar en el regreso a las prácticas de antaño que tanto daño hicieron a la estructura pública y en especial a los ciudadanos. Esas escenas de violencia que fueron el preámbulo de la transformación hoy no tienen cabida y nadie esperaría su regreso, con aquellas justificaciones.








