El día del fin del mundo: Migración muestra lo que ocurre después de un desastre natural y conecta con la crisis migratoria actual
La secuela apuesta por algo más emocional y reflexivo. No se trata solo de huir de meteoritos o esquivar explosiones, sino de aprender a vivir en un planeta herido, con reglas nuevas y con la carga psicológica que deja haber sobrevivido cuando millones no lo lograron.
¿DE QUÉ TRATA “EL DÍA DEL FIN DEL MUNDO: MIGRACIÓN”?
La nueva película arranca en un lugar que parecía seguro: los búnkeres subterráneos de Groenlandia. Ahí, los sobrevivientes, incluida la familia Garrity, han pasado años reconstruyendo una especie de sociedad improvisada.
Hay rutinas, normas y una falsa sensación de estabilidad que se rompe de golpe cuando un terremoto seguido de un tsunami vuelve inhabitable el refugio.
Obligados a salir, John, Allison y Nathan enfrentan un mundo devastado, cubierto de ruinas y cicatrices del impacto del cometa. Ya no hay gobiernos fuertes ni infraestructura funcional. Solo pequeños grupos de personas tratando de sobrevivir como pueden. La misión ahora es migrar.
El objetivo está en Europa, donde se cree que una zona cercana al cráter del cometa podría ser habitable. El viaje es largo, peligroso y emocionalmente desgastante. Cada decisión implica riesgos y cada encuentro con otros sobrevivientes pone a prueba la idea de comunidad y confianza.
¿QUÉ PASÓ EN LA PRIMERA PELÍCULA?
“Greenland” presentó a John Garrity, interpretado por Gerard Butler, como un ingeniero estructural común que, junto a su esposa Allison y su hijo Nathan, recibe una alerta del gobierno de Estados Unidos. Un cometa fragmentado se dirige a la Tierra y solo algunos ciudadanos han sido seleccionados para refugiarse en búnkeres en Groenlandia.
Lo que sigue es una carrera contra el tiempo. Desde Atlanta, la familia intenta llegar a un punto de evacuación mientras el caos se apodera del país. Hay disturbios, saqueos y decisiones crueles tomadas por miedo.
Un error en el expediente médico de Allison los deja fuera de una base militar, obligándolos a separarse y a confiar en extraños. La película no se guarda los golpes emocionales.
Traiciones familiares, pérdidas y momentos de desesperación acompañan el viaje hasta que, casi de milagro, logran abordar un avión rumbo a Canadá y después a la base aérea de Thule, en Groenlandia. Justo a tiempo, antes de que los fragmentos del cometa destruyan gran parte del planeta.
¿CUÁNTO TIEMPO PASÓ ENTRE LA PRIMERA PELÍCULA Y LA SECUELA?
Dentro del universo de la historia han pasado cinco años. No es un detalle menor. Ese salto temporal permite mostrar cómo los sobrevivientes no solo resistieron el impacto inicial, sino que aprendieron a vivir bajo tierra, a organizarse y a crear una nueva normalidad.
La secuela aprovecha ese tiempo para profundizar en las secuelas emocionales del desastre. Nathan ha crecido en un mundo sin cielo abierto, John carga con el peso de las decisiones que tomó y Allison representa el instinto de proteger lo poco que queda de humanidad.
“El día del fin del mundo: Migración” no solo continúa la historia, la transforma. Cambia la urgencia por la introspección y plantea una pregunta incómoda: cuando el mundo se acaba, ¿realmente basta con sobrevivir o también hay que aprender a empezar de nuevo?.









