JOSÉ INÉS FIGUEROA VITELA
Sin lugar a dudas, como sociedad tenemos muchos retos por vencer; siendo como es, la vida dinámica, estos nunca se van a acabar y más nos vale que así sea.
La novedad de temporada es que sean quienes viven al margen de la ley, quienes tienen cuentas pendientes con la autoridad, quienes cometen los delitos, aquellos quienes aparecen como fuente y vía de los reclamos por los temas en tránsito de la agenda pública.
“Vividores del servicio público”, les llaman, a esos que tienen años enchufados al presupuesto público, sin aportar el menor esfuerzo para hacer algo a favor de la sociedad, de cuyos impuestos han solventado su estilo de vida y el de los suyos, con sobrada holgura la mayoría de ellos.
Sin detrimento de la responsabilidad y ocupación de las autoridades responsables, en la respuesta a los sentidos reclamos sociales, vale observar la falta de autoridad moral de algunos reclamantes, entre quienes asoman terceras intenciones e intereses.
Como cuando los grupos proscritos orientaban publicaciones y manifestaciones callejeras, denostando y pidiendo el retiro de las fuerzas del orden, cuando se sentían amenazadas por estas, en sus personas y actividades, pensando que con ello cambiarían el estado de las cosas.
Rescoldos del pasado vergonzante, también pululan por ahí dos-tres párvulos de la “escuela cabeciana”, quienes cada que sienten que el largo brazo de la justicia les alcanza, se lanzan a proferir acusaciones a las autoridades, con la idea de asumirse “perseguidos políticos”, para justificar la huida.
Ah, porque tienen mil formas de evadirse en su repertorio, pensando que nunca pisarán la cárcel por los delitos que bien saben han cometido, sin contar las faltas y ofensas al orden instituido.
De eso se tratan las “cacayacas” de temporada, de quienes se invisten con toga de Torquemada y enderezan índices de fuego, sepultando honras ajenas y gritando “¡al ladrón!” Para sacudirse a los gendarmes que ya les pisan los talones.
Igual ahora hay quienes, tratando de evadir las responsabilidades institucionales que les son inherentes, andan buscando a quién echarle la culpa de lo que sucede en su entorno, para poder solventar renovadas aspiraciones, bien sea para repetir donde se encuentra, o para escalar en el andamiaje público-político.
En el pecado llevarán la penitencia, porque al primero que no pueden engañar es al ciudadano, en quien descansa la potestad pública de validar o rechazar a los personajes públicos que pretenden prolongarse en el poder por la vía electoral.
Y por supuesto, al “supremo elector”, no solo no engañan, lo ofenden, recargándole culpas que no tiene y exacerbando enconos sociales por las respuestas que no se han consumado en su totalidad, en el frente del oficio público general.
Hay alcaldes despistados, funcionarios guasones de todos los niveles y “aviadores” medio encubiertos, de variadas dependencias, que han tomado como deporte “patear el pesebre”, jugando a hacerla de críticos inquisidores, sin tener la menor calidad moral que dé peso a los reclamos propios o de terceros Mecenas.
En su caso, resulta intrascendente la veracidad o falsedad de sus dichos; el hecho irrefutable es que no tiene el menor peso lo que digan o dejen de decir, simplemente porque son parte de las faltas al gobierno, al pueblo y las instituciones, que puedan estar proclamando.
En todo caso, hablando de profilaxis, lo que se antoja es la exigencia a esa legión de sujetos de doble moral y proclama, a que en verdad devenguen los recursos públicos que reciben y, en su caso, que reintegren al tesoro común, lo que sale de tal condición en su pasado conocido.
Ya es tiempo de regresar “al derecho”, el mundo del revés, heredado de aquellos tiempos que marcaron el paso de una era vergonzante, de abusos y excesos, de despojos y regateos al acceso a proyectos de vida dignos que aquejó a toda una generación de mexicanos y tamaulipecos.
La transformación es una y es general… para todo y para todos. Que nadie se quede al margen… ni luego se diga sorprendido.







